Ble(h)nheim

Este texto lo he tratado de escribir montón de veces, siempre arruinando lo que quiero decir o tratando de buscar, tal vez, en el mismo proceso de escribir, lo que en verdad quiero expresar. Tal vez –siempre- en mi absurda búsqueda de la fidelidad, de expresar de la forma mas veraz lo que importa o vale decir en este tipo de experiencias o viajes y no formar parte del típico cliché de la narración anecdótica.

Un poco al medio, entre el entusiasmo y la ruina, aprecio desde la pieza vacía, en espera de que se empiece a llenar de gente -como suele llenarse siempre after work- y empiece el ruido.

De alguna forma, los hostales me parecen un poco eso al final, como puro exceso; aunque, para hacer justicia, caí en uno de los hostales más piolas que podría haber caído…para los backpackers de este estilo (hospedaje pa workers) que me habían contado, y lo que empezó como una incómoda casa agena en un pueblo fantasma de mierda, se convirtió en el cuasi hogar cotidiano que mejor me podría cobijar en un lugar como Ble(n)h-eim.

Ahora la postal perfecta –con stickers y marcas de labios con rush- se empieza a desprender de su resplandor y las canciones de Los Prisioneros, como recuerdo patético-sentimental de Chile, cobran todo el sentido que alguna vez pudieron tener…especialmente cuando uno esta trabajando (en el campo) -Latinoamérica es un pueblo al sur de estados unidos y Maldito Sudaca lideran el ranking- y reviven la caricatura del tercer mundo. Y es que entre tanto gringo y, siendo la única latina hispano parlante del hostal, al final uno termina sintiendo eso, que Latinoamérica es como una caricatura para el resto de los locos y que, para cierto tipo de cosas (tercer mundo style), ellos son como bien tercer mundistas también.

Igual a veces hecho de menos un poco el contacto con un hermanoh latinoamericano, pero al final lo que me carga de ese tipo de weones es que ahora que los latinos no están en su tierra, luchan desesperadamente por verse artificialmente autóctonos, cuando, back in chile, los loquitos se esmeraban por verse como sus ídolos favoritos de la tv.

Ya llevo casi mes y medio acá y por algunos momentos, en la pega, donde hay tiempo de sobra pa pensar, logro agarrar la sensación efímera de la transición, de lo que había antes y lo que dejé, lo que pasé entremedio y lo que ahora vivo. Es super cuático y siento que mientras más me asiento –sin lograr hallar algo de que agarrarse- lo que más disfruto son los desplazamientos (viajar a dedo, en bus…moverse) porque al final se reproducen tal cual son: lapsos pasajeros llenos de novedad y vacíos de cualquier intención.

He acumulado en poco tiempo, un montón de experiencias pletóricas que no me había imaginado poder vivir, desde weas estéticamente bellas hasta weas que por su convencional pobreza han resultado maravillosas… no voy a enumerar porque es pajero entrar en detalle. Incluso los momentos difíciles han sido más llevaderos cuando están en un contexto donde nada es permanente y donde la incertidumbre es parte del juego. Creo que todas las cosas parecen menos graves y esa wea es algo que me gusta caleta.

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