Farewell South Island – Wellington

inWELLINGTON

Estoy en Wellington. Hoy atravesé de la Isla Sur a la Norte en ferry. Recordé la sensación que tuve, cuando salí de la Isla Norte, después de un mes y algo, para empezar a trabajar en Blenheim, de sentir que dejaba mi casita, y ahora la sensación se daba vuelta; sentí que ahora sí dejaba mi casita para irme a otro país… aún cuando sea un tanto cuático el que se haya tornado habitual hablar de ferrys, ciudades y movimientos.

Los últimos días creo que me notaron triste, pero en realidad no estaba triste, sino un tanto agobiada con la mudanza, de Isla y próximamente de país. Razón por la cual, dormí alrededor de 2 horas y media –si no es más-, casi todo lo que dura el trayecto del ferry –y se me hizo super corto-. De hecho desperté cuando estábamos entrando a territorio nortino y caché que estuve escuchando durante todas esas horas, dos discos de Bombay Bicycle Club en forma continua. Reflexión aparte, es que últimamente he notado que disfruto más de dormir semi conciente, escuchando alguna música o una película, que durmiendo así raja.

Cuando me bajé del ferry, sentí eso de “aah…Wellington…bah”, de las ciudades “ya-recorridas”, pero al salir de tarde-noche, volví a sentir esa sensación fresca de una ciudad que uno recién viene conociendo y me gustó caleta. La noche estaba viva, las calles con gente (snob, posera o amable, da lo mismo), música por todos lados, luces y actividad. Recordaba a una Wellington más pequeña, gris y ventosa. Ahora había mucho para ver, estaba llena de colores y NO HABIA VIENTO alguno J Pensé que es la ciudad más bonita de NZ…pero una ciudad que se disfruta con amigos. Este tipo de ciudades puede hacerle a uno sentirse ultra solo, si es que se permanece así por mucho tiempo.

Creo que por eso, en parte, ciudades fomes como Blenheim, se acercan tanto a una noción de hogar.

Los últimos días me regalaron hartas cosas, siendo super raro aquella cosa que siempre se me repite: que los ajenos suelen ser los más atentos, a diferencia de los cercanos. Como cercanos lo digo a nivel general, pero tampoco tan general, como para caer en el cinismo. Creo que con los ajenos no hay egos de por medio, tanto en el buen sentido como su contrario. Pero no estoy ni ahí con reflexionar ahora sobre comportamientos humanos o lecciones de vida culia de viajeros que se creen poeticos porque están haciendo algo distinto al resto de los commuters. Como le dije antes a un amigo: no me importa el mundo, sólo me interesa la historia. Menos ahora que ando moviéndome.*

*No sé si se entiende, pero tiene que ver un poco con los locos que andan leyendo novelas, mientras viajan. Gracias.

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