Incredible India – Parte 4


Jaipur. Yo sólo sabía que íbamos porque habían muchos templos y atracciones arquitectónicas que visitar, lo cual me interesaba sobremanera; cuando llegamos allá, lo único que quería hacer era no ir a ninguna wea más de templos o edificios históricos.

Nos fuimos en un tren que, dado el efecto traumático del tren hasta Varanasi, parecía demasiado bueno para ser verdad: moderno, cómodo, limpio, con muuucha comida y con un enchufe para cargar mi ipod. Después me enteré que hay algunos trenes así, “chair” pero que recorren distancias más cortas.

Llegamos a la estación de Jaipur de noche, con reserva de un hostal que se suponía quedaba lejos del centro de la ciudad y al que era difícil llegar. La motorickshaw fue un evento memorable en sí mismo… en verdad, todos nuestros trayectos en rickshaw en Jaipur, fueron memorables y fueron, tal vez, lo más significativo de nuestra visita ahí.Anduvimos más de la cuenta a bordo de la wea, con unos primos jóvenes que eran buenos pal leseo y que no sabían llegar a la dirección, por lo que la búsqueda fue como colaborativa y paramos en varios lados para pedir orientación.

El hostal, era la raja para lo que habiamos experimentado hasta el momento: ultra limpio, con pieza amplia, closets, baño con agua caliente, sala de estar con tele y hasta cocina. La zorra.

El problema, era que en Jaipur habían demasiadas cosas pa ver para el día que teníamos para recorrer ahí. Una de las cosas que sucede en la mayoría de los hostales en India, es que los managers te tratan de organizar el día, venderte tours y transporte, al toque que llegai… y uno, que anda como weon haciendo cundir el tiempo, llega destrozado con los viajes y queriendo no tomar más decisiones ni hacer más arreglos, al menos, hasta el día siguiente, por lo que esa wea suma presión y agotamiento. Justamente, lo que tuvimos que hacer al llegar: ver pa dónde íbamos a ir el día siguiente y cómo y yo, ya no quería ver monumentos ni que me anduvieran trayendo.

Al final, optamos en función del tiempo, acatamos sugerencias y partimos en moto otra vez: Amber Fort (que fue una buena elección), Elefantes en el camino, tiendas, más tiendas y centro de la ciudad rosada para zafarnos de los guías un rato.

A esa altura del viaje, a mi me pasaban varias cosas: primero, el resfrío parecía estar en su fase de maduración (lo que implicaba una mejoría en los próximos días); segundo, mi interacción con la ciudad estaba más sólida y ya no me costaba arrojarme a las calles con tráfico o esquivar/pasearme vendedores y “hello, you look like from here, where are you from?”…era como saber de memoria lo que venía y no comprarme ninguna parada, asumir las weas como eran y seguir; y tercero, y por lo mismo, sentía que ya no tenía sentido ni admisión la wea de guardar apariencias, el no caer en cuenta o el sentirse miserable por ser visto como un monedero con patas, en otras palabras: DEAL WITH IT. Eso hacía a su vez, el que estuviera un tanto chata de las cosas a las que podía optar o tenía acceso en India, la cultura y hasta el viaje.

La guinda de la torta, fue cuando en la noche nos llevaron a una villa donde nosotros suponíamos que veríamos actividades tradicionales de una comunidad de gitanos (porque los gitanos salieron desde Jaipur para el mundo, la dura) con una cena típica incluida y weas: real people from Jaipur, man. Pero, al final, la atracción principal era la cena pagada en una villa prefabricada para turistas y con algunas recreaciones típicas de espectáculo pa los comensales; total mierda -y la wea quedaba más encima como a una hora del hostal-.

En ese momento, la wea ya nos superó y menos mal decidimos por largarnos indignados y le pedimos al socio de la moto (el puto amo, como figuraba escrito en su motorickshaw), que nos llevase a algún bar para distendernos y echar la talla…algo más típico y normal. Fuimos a un restaurant/bar piola, que estaba en algún hotel de la ciudad, en un viaje en moto que mezcló luces bollywoodenses, stickers indo-occidentales y canciones de Aqua a todo chancho con otra música techno de los 90’s. Uno de los mejores momentos del viaje, creo yo.

La conversa estuvo buena y al final, pudimos dejar el rol de “turistas” y sentarnos a hablar como ciudadanos del mundo uníos.

Al día siguiente, nuestro viaje se encausaba rumbo a Delhi. Historia para la próxima parte.


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