Un año en NZ y de vuelta donde todo empezó

Estoy en Auckland, por el fin de semana, en el mismo día en que llegué y en el mismo hostal de hace un año, pero sola, diferente pieza y en la cama Nº60. Celebraciones everywhere, pero afuera llueve a toda raja.

Como no había escrito hace mucho, tengo que contar que este periodo ha sido bizarro y de varios fracasos. Si me fuera por el lado supersticioso, diría que después de que volví de Asia, el universo me estuvo diciendo todo el rato “este no es tu lugar, lárgate!”. Aun en los momentos donde parecía que me iba a tener que quedar un año más en este país.

Después de salir de Hastings (donde nunca me pagaron el día que trabajé recogiendo zucchinis), en un road trip donde dormí en el auto de la Sofía en un bosque a casi orillas de un río y que fué bacán porque me devolvió los ánimos para viajar, llegué a Tauranga directo a alojar en el colchón de espuma del piso de la habitación de una casa al lado de mi nuevo lugar de trabajo, una packhouse de kiwis, con muchos latinos alrededor y una ciudad que se veia “bien” de principio, pero que resultó ser igual de fome que las ciudades más fomes que he visitado estando en NZ. Por suerte, me quedé residiendo en las afueras de la ciudad donde no hay casi nada (ya tenemos claro que esos son los mejores lugares) aparte de una carretera, praderas y la bomba de bencina + el 4square y alguna Liquor store o taberna de paso. De alguna forma, eso me recuerda mucho a Spring Creek y siento, tambien, que me da mas libertad que estar metida en la rutina de ciudad.

El trabajo ha estado reguleque con tendencias a rebosar de lucas una semana y caerse en picada las dos siguientes, por suerte soy matea pal ahorro y la he salvado bien. He quedado, eso si, cansada muy pal pico mega muy pal pico, trabajando 12 horas continuas, 6 dias a la semana haciendo los mismos movimientos repetitivos de recurso humano en industria de producción, motivo por el cual empecé a usar lentes casi a diario. A eso se le sumó el stress pre traumático (con el que vengo desde Asia) y el post traumático del futuro mutante. A este respecto, debo decir que durante este año, he mutado montón mi forma de lidiar con las cosas y que, pese al normal stress de la situación, considero que he manejado las cosas con soltura y que he aprendido a “deslizarme” (referencia al Club de la Pelea) aun cuando estuve no en el lodo, sino en el pantano.

Uno de los problemas que me condujo a NZ fue el Diseño y, aun con sintiéndome recelosa de la cuestión, decidí lanzarme no más y probar la suerte acá. El resultado, fue desastroso: estuve postulando a dos pegas de Diseño; en una los weones fueron super aweonaos para manejar la situación y se demostraron inseguros. Me dijeron que no querían a nadien, después siguieron buscando gente a escondidas y después me dijeron que me querían de nuevo, pero primero debía pasar una prueba para demostrarles mi amor. CHAO.

Los segundos, parecían tanto más serios; fueron diligentes, cumplieron los plazos y me dijeron que sí dos veces -work permit incluido-, sólo para después darme el beso de Judas, ahí cuando mis sueños de fuga de NZ se habían conformado con esperar un año más y cuando hasta mi espíritu se había reconciliado con la idea de quedarme en NZ. Cambio del discurso y todo a la mierda.

Lo más “inamible” (uso esa palabra porque no encuentro palabra para esto) de todo el hecho, es precisamente, el hecho mismo. Tanto así que, contemplando ambos casos, ya no me daba ni para sentir alguna emoción, ni tener alguna respuesta; nada. Así que simplemente, seguí con lo mío: empacar kiwis.

De regreso entonces, a la idea de The Great Escape to Australia, comenzó la carrera por juntar lucas, papeles y dar el IELTS de mierda, para cumplir con todos los requisitos que a los sudacas jaguares de latinoamérica nos piden para hacer de working class en un país como Australia. La dura.

Hoy dí el IELTS y ya no me importa como fue (en términos puntuales), porque es una mugre menos en el ojo y ahora, puedo seguir empacando kiwis tranquila hasta nuevo aviso.

Estoy viviendo en un hostal-motel-complejo de trabajadores, cerca de la packhouse y la Lore se vino a vivir donde mismo para que sigamos viajando juntas.

En la packhouse hay caleta de weas que funcionan como el copi, pero eso ya es parte del system itself y yo me esfuerzo por dejarlo fracasar, en lugar de andar urdiendo mejoras o reclamando situaciones. A estas alturas ya siento que estoy demasiado curtida y vieja en el tema para seguir insistiendo en la misma wea. He sostenido en mi cabeza, montón de discusiones y análisis al respecto, asociándolo con mis años de vida laboral y peor! con mis experiencias e innumerables ejemplos… todas esas weas también me han traido agotada y últimamente, me insisten las ganas de aislamiento, serenidad, dieta de enfermo, lectura filosófica y música con ojos cerrados.

Así están las cosas a un año de vivir en otro país.

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