Deerhunter in Melbourne o la historia de una victoria.


Uno está haciendo fila en la entrada, esperando el concierto de la banda al que viene. De pronto uno ve que los miembros de su actual banda favorita, vienen llegando. ¿Qué hace uno? Les abre la puerta.

De entre la historia de los eventos bizarros en mi vida, este se llevaría el premio, creo. Pienso en todas las variables estúpidas: chilena, sola, en un país ajeno, habiendo trabajado con pala y tridente en los campos, aweonadamente llegando horas antes pa hacer fila cuando en estos países hora antes no existe fila, comiendo un panqueque –con mermelada de frambuesa-…., sin mencionar el resto de eventos bizarros que iban a sucederse ese día, y veo sonriente la grieta en el muro del monopolio de la descripción del mundo. La victoria se acerca.

Deerhunter tocó el miércoles 11 de Diciembre acá en Melbourne. Yo tenía mi ticket de hace rato. Como a mí me gusta estar en primera fila, se me ocurrió llegar temprano (chilean time temprano) para quedar adelante. No había nadie y de hecho me fui a hacer hora a otros lados antes de llegar a hacer la fila forever alone. A mí no me molesta esperar, es casi costumbre, pero a los Australianos les llama caleta la atención. En todo ese rato, sólo estando ahí parada observé caleta de la ciudad y del país hasta que, en un momento, llegó una mina muy regia y bien vestida con una batería en la parte trasera de su van. Pensé que debía ser una productora trayendo parte de los equipos y me sorprendí que nadie del recinto viniera a ayudar a la mina con las cosas, así que lo mínimo que podía hacer era abrirle la puerta. Ella me sonrió y me dio las gracias. Cela la samaritana.

Con el pasar del tiempo, llegaron de a gotera hartas personas más y, a esa altura, yo ya estaba de portera, aunque claramente, yo era el elemento anómalo ahí y eso me causaba gracia.

Como hacía hambre, se me ocurrió comprarme un panqueque en la creperia de la calle, volví a mi puesto y entre comer y mirar a la gente y a los Hare Krishna que habían salido a hacer show a la calle, veo que hay unos weones bajándose de una van y que Lockett Pundt, seguido por Moses Archuleta, vienen caminando. Afino el ojo y veo que Bradford Cox viene más atrás…–yia…eso fue lo que pensé y dije. Mi cerebro chileno chocaba con la realidad gringa que estaba viviendo…pensé en segundos y aweonadamente si acaso no se suponía que los músicos entraran por un escondite con guardias y no por la puerta delantera entre montón de consumidores con bolsas con regalos de Navidad y gente en la calle tratando de hacer moneas, al mismo tiempo que sentía que he conocido tantas personas imposibles desde que estoy viajando, que las personas, ahora son sólo eso: personas. Estoy a medio camino entre Steve Buscemi y Michael Pitt en Delirious.

Sosteniendo mi panqueque en la mano, consciente de la situación ridícula y viendo la cara de Lockett en un gesto que al verme expresa un secreto “oh no, aquí viene un fan…” les digo Hola con mi cara de pendeja sonriente y les abro la puerta. Me dicen Hola también y Lockett me da las gracias :). A los segundos entra Bradford Cox, pero venía conversando con otro loco así que ni me vio. Yo sólo reparé en lo que se alcanzaba a ver de su brazo, blanco, velludo y delgado. No sé por qué me acuerdo tan bien de ese detalle.

A minutos de que abriesen las puertas, conozco a una pareja de chilenos justo detrás de mio en la fila y nos ponemos a conversar. Obvio que iban a haber otros chilenos, que iban a estar detrás mio en la fila y que yo los iba a conocer…

El show empezó relativamente a la hora, pero habían dos bandas teloneras tocando primero. No hubo necesidad de calar lugar, porque el lugar con suerte estaba al 20% de capacidad lleno y la gente que había estaba sentada en las escaleras o tomándose unos copetes. Las bandas eran Day Ravies, quienes tocaron primero y Beaches, que al parecer es una banda conocida en Melbourne y donde, desde luego, la baterista era la mina de la van a la que le abrí primero a la puerta. Estuvo bueno.

En el último tema de Beaches, diviso que viene gente a mi derecha cruzando entre la gente y cuando miro para abrir paso, veo las sombras deformes en la cara de Bradford que viene avanzando con jockey y medio agachado. No es tan alto. Por suerte a esa hora, ya el lugar se había llenado y aunque, el publico es más fome que Takaka, igual servía para hacer un poco de ambiente.

Los músicos salen al escenario a instalar sus cosas. No hay roadies que hagan esa pega, sólo los técnicos de la banda. Bueno, todos menos Bradford. Frankie Boyles es el encargado del gear y lo noto un tanto chato conectando cables y pedales. Justo en el espacio entre los parlantes delante mio, veo el Line 6 DL4 que dice COX en su parte trasera. Maripositas en el estómago.

El show comienza con Earthquake y Bradford Cox con peluca rubia –eché de menos el vestido-. Para mí esa canción siempre ha sido bleh, pero vaya vaya en vivo suena la zorra y la batería electrónica de Moses nos golpea en el pecho, moviéndonos un poco. Va a estar brígido.

Dicho y hecho. Sigue Neon Junkyard y cuando empieza Don’t Cry, el sonido de las 3 guitarras juntas es tan potente como nunca había escuchado. Saco la cámara y empiezo a grabar. Bradford Cox está ubicado justo en frente mío y usualmente, se para en el retorno que está a una mano de distancia. Si estiro la mano, le toco el zapato. Estando al frente en primera fila siempre me siento un poco como mirona y me da un poco de vergüencita usar la cámara, por lo que trato de hacerla corta. Las canciones siguen: Don’t Cry, Revival, Desire Lines, T.H.M., Rainwater Cassette Exchange, Nothing Ever Happened (con el interlude de Horses de Patty Smith)… junto a los intermedios de Bradford hablándole al público, webeando a los músicos o pidiéndole a su sonidista que llame por teléfono a su mamá en USA, momento que dura unos 15 minutos y donde, finalmente, suena la grabadora y junto a Cox le dejamos un mensaje a la señora….jajaja. Es chistoso y a la vez un tanto incómodo ver al resto de Deerhunter cuando Bradford comienza su rutina, pero a la vez me gusta el espacio que Cox le deja al “show” en el show, porque justamente su show no intenta ser artístico-consciente como Arcade Fire, por ejemplo, o abacanado como no sé, Artic Monkeys… sino que es puramente absurdo y un tanto kitch. “To achieve harmony in bad taste is the height of elegance”, dice en el blog que Deerhunter usaba como sitio oficial.

Monomania fue la canción que cerró la primera parte del concierto y que terminó con una maravillosa improvisación de noise y pedales que quedaron sonando por sí mismos durante un buen rato. En serio, primera vez que temo por mis oídos, pero fue bacan.

Luego, Bradford Cox se pone en la ubicación de Lockett, pero el intercambio de roles se ve frustrado dado que ninguno de los dos entiende los pedales del otro. Veo la cara de Lockett expresando un “no sé que wea” jjajaja y luego de volver a sus lugares originales, algo está mal con la guitarra de Lockett, se la cambian y se sientan con Bradford y un técnico a configurarla de nuevo. Es un momento que me pareció super bonito, porque de dos músicos en un escenario pasaron a verse como el par de amigos tocando juntos que son.

Cover Me – Agoraphobia y Helicopter la última canción. La gente pedía Cryptograms, pero yo ya no estoy esperando una lista de canciones por escuchar; disfruto lo que escucho, aunque se me hizo corto. Se despiden y Bradford lanza una de las botella de agua que lleva al público. La botella va a pasar a mi costado izquierdo, pero yo no alzo la mano como el resto, sin embargo, rebota en manos y en el hombro del loco que está a mi lado y antes de caer al suelo, la atajo. ¿Podría pasar alguna otra cosa loca en este día loco?

Ohhh sí. Salgo con el resto de la gente a la calle, sabiendo que tengo unos minutos para tomar tren o tram a la casa, pero como hay gente y dado mi experiencia previa, decido esperar a ver si sale alguien. Además en último caso confío en el Night Rider. Como sea, me arriesgo; siempre algo sale.

Me entra el nervio y voy a la estación de trenes en Flinders para ver los horarios y, desde luego, ya no hay trenes, tampoco tram y menos Night Rider. Shit. Tengo que esperar hasta las 5 am para tomar el primer tren –son recién las 12:45 am-. Como no hay nada que hacer, me devuelvo a la entrada a esperar. Desde que supe del concierto, estaba con la idea de tenía que sacarme una foto con ellos a como dé lugar. Me siento al lado de una chica que tiene una bolsa con vynilos y hablamos del concierto. Ella está esperando que le firmen los discos y, casualmente, tiene que esperar hasta las 4 am para volar de vuelta a Sidney, el resto de los fans se va y quedamos sólo nosotras y la van que llega a recoger a la banda. Maravilloso.

Sale Lockett y Moses again. Ya los recibí en la puerta, ahora me toca despedirlos. Frankie y el bajista andan acarreando equipos y no pescan a la chica con la firma de discos, así que le doy apoyo moral para que vaya a pedírselas a los más amables. Le doy la mano a Moses y las gracias y weas y de ahí les presto un lápiz bic que andaba trayendo porque el plumón de la chica no funcionaba jajajaja, chilean style. No hablo mucho porque estoy un tanto cohibida por lo chistoso de la situación y porque más que mal los locos tienen que subirse a la van luego. Pero OBVIO, que les pido la foto y Lockett que weon, a esta altura es un angelito, me dice Sure! con la mejor cara de disposición ever. Moses me hace ponerme al medio de ambos y yo ando con lentes. Después de la primera foto, digo “wait! Sin lentes” y Lockett se larga a reir, es por eso que sale riéndo en la foto <3. Pequeños detalles que nos perduran.

Son los últimos en subirse a la van. Nos dan las gracias, Moses me extiende la mano y Lockett nos dice “have a good night”. Al parecer Bradford salió por otro lado del lugar. Then, 4 horas esperan y yo estoy echa pico y hace hambre y hace frío. La chica de Sidney me sugiere ir al Casino a hacer la hora, porque es calientito ahí. Estoy 10 minutos adentro y me dan puras ganas de irme, así que parto de vuelta al centro a hacer la hora y comer como homeless wanderer: Subway 24 hrs, 2 cafés de un 1 dólar y el agua que me dejó Cox.

En la noche de Melbourne, toda una gama de personajes y cosas pasan. Estaba cayéndome de sueño, pero lejos de achacarme por la espera, me sentía afortunada de ser testigo de esas cosas. Conversé con el encargado del Subway, que era de Pakistán y me regaló una galleta de esas de 1 dólar y me ofreció café. Ví mucha gente haciendo weas que no se suponían a esas horas, como una abuelita caminando en chalas y con bastón a las 3 am, un ciclista, además de los indigentes durmiendo en la calle envueltos en frazadas, toda la gente que limpia la ciudad a esas horas, una mina que pasó cantando demasiado feliz e inspirada con dos amigos más, una mina y un weon (la mina me dijo “sonríe… pero sonríe en serio po”…wtf) que me dijo si quería irme a la casa con ellos… todos me quedaban mirando y yo los miraba a ellos, hasta que llegaron las 5:09 y pude tomar el primer tren a South Morang. Estaba amaneciendo y pensé, puta, debería haberme ido a alguna parte a ver el amanecer.

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