Singapur

2014-10-16 20.53.45

Estuve en Singapore como 10 días. La transición Australia-Singapur, me dejó cansada y tal vez por eso o la humedad tipo Bangkok en Marzo mezclada con lluvias casi todos los días, hizo que me enfermara y estuviese en cama un par de días.

La Sam fue como mi host y surfie en su casa, en el colchón con sábanas de caricaturas que puso en su pieza para que me quedara.

Mis primeras impresiones fueron de ya saberme un poco el ritmo asiático, pero a la vez sentirme extranjera en un ambiente super chino. Cosas como el sistema del metro, el que me derivaran de un lado a otro, el water y el sacarse los zapatos antes de entrar, eran cosas que se me habían olvidado.

La cosa es que de Australia no me vine con las manos peladas a empezar de cero, sino que me vine arrastrando algunos trabajos y trámites que hicieron que mi comienzo en mi año asiático fuese lento y tedioso, al punto de que ya no me importaba mucho si no salía (súmenle en todo caso la enfermedad) a conocer, sino que prefería quedarme en el departamento, durmiendo mucho y haciendo nada.

Y es algo que me pasa hasta ahora. De un ritmo donde estaba constantemente haciendo cosas o buscando hacer cosas, me refiero a los trabajos o a los voluntariados, pasé a una casi total ausencia de cosas por hacer y aunque me esfuerzo por verlo como tal, como las vacaciones que querían que fueran, me cuesta asimilar el hecho de no tener como “deberes”. Y no es que uno no tenga realmente nada para hacer; el propio hecho de andar viajando implica calcular costos, viajes, organizar materiales, entender nuevas monedas, costumbres, mapas, transporte…registrar muchas cosas y de vez en cuando preocuparse de uno en las weas típicas que uno se preocupa en una rutina. Si uno se enferma, eso que pasaba a estar en ultimo plano, se convierte casi en la principal preocupación y las cosas se complican sobremanera.

Mi primera impresión de Singapur fue de despertar, asomarme a la ventana de la cocina y ver ese cielo gris brumoso en la mañana pero con luz de atardecer, con edificios de concreto altos que son tan de NEO TOKYO para mi. Y me gustó quedarme en los suburbios, en lugar de en un hostal cerca del centro.

Singapur no me pareció tan chico como todos dicen, de hecho el país mismo tiene problemas habitacionales que resolver donde hay caleta de gente y por lo mismo, cada barrio prácticamente tiene su centro activo con cosas para ver y hacer.

Singapur no es mi estilo, pero en términos de infraestructura comercial está bien armado y andar de shopping no resulta una mala opción. Eso sí, la vida de la gente de Singapur está super condicionada por ese hecho: largas horas de trabajo, muchos shopping malls y departamentos sin muchos metros cuadrados, hacen que la gente invierta el tiempo restante en compras -muchas weas que probablemente no necesitan, como la maquinita vibradora para ejercitarse- y cenas en restaurantes o centros de comida.

Bajo ese panorama, los barrios Árabe, Chinos e India resultan como lo más exótico que uno puede ver ahí, aun cuando replican las mismas características de su presencia en cualquier otro país. Acá es un poco más turístico, sin embargo.

El sector viejo de Singapur que está cerca de Chinatown, es como lo que más me gustó. Yo no cacho muy bien el rollo de Singapur sling, salvo que al parecer es un trago y una película (uno de esos conceptos que mi mente transforma y le asigna un significado que yo no más entiendo y que es usualmente alejado de lo que en verdad significa), pero me imaginaba un poco eso cuando caminaba por esas calles con esos edificios medios de mafia asiática mezclados con chinas en cheongsam en peligro. Ojalá hubiera más de eso en la ciudad.

Con todo, no me parece que sea como algunos dicen “la ciudad del futuro” (en ese caso los Emiratos Árabes, por lejos). Varios barrios esconden muchos edificios-torre tipo Santiago en los años 80, que indican que hay una clase obrera que no debe estar pensando que vive en la ciudad del futuro y que no lo debe estar pasando muy bien.

Al margen de eso, ver a la Sam otra vez y pasar tiempo con ella y su familia fue bacan. Fue estar un poco en familia otra vez. Me daban comida hasta por las orejas, mi cumpleaños cayó al tercer día y me lo celebraron con torta y velitas y me compraban cosas como las chalas nuevas que me regalaron para que no me anduviera resbalando en la calle con el agua debido a mis chalas viejas jaja ^_^; zapatos para la pobre niña sudamericana.

Recuerdo que la Sam decía que era como tener una hermana (Sam es hija única también) jajaja y sí para mí también era un poco eso. Gente bonita.

Moverme a Malaysia fue como empezar realmente el viaje, dado que ahora me movía sola otra vez y sin zona de comfort.

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