Cambodia

Voy a tratar de ejercitar las palabras y la cabeza de un modo proactivo mientras estoy haciendo nada en Pai.


Salvo por Angkor Wat, mi expectativas de Cambodia eran super bajas, con la salvedad sí de que había escuchado muchas buenas cosas de parte de viajeros (a los cuales llegué a respetarles la opinión y considerarla en serio).

Desde Bangkok me fui a Siem Reap con la opción independiente: tren+tuktuk+minivan+tuktuk. El tren es ridículamente barato para lo largo del tramo (7 horas = 48thb) y, pese al drama que le encanta hacer a la gente que anda viajando sobre esa frontera, el paso fue tranquilo y para nada complicado. Lo cierto, es que los viajeros hacen complicado todo (lo comprobé al regreso cuando crucé la frontera casi sola en términos de otros extranjeros y todo fue tanto más tranquilo), estoy segura de que reclamar por los 100thb extra en la ventanilla en la buena onda, repetidas veces, daría el mismo resultado efectivo que hacerlo en mala y enojado. Pero la gente elige enojarse y con eso alterar al resto, esparciendo la sensación de que “hay que protegerse a toda costa”.

Llegando a Siem Reap, la ciudad me pareció linda, un tanto como Chiang Mai o lo que me gustaba de Chiang Mai. Muchas calles aun de tierra y mucho tráfico en moto pero también en bici. Recuerdo el primer lugar donde me tomé una bebida, en las afueras del centro, donde la niña que me sirvió la bebida me miraba con curiosidad como si hubiese visto a un extranjero por primera vez (y eso que yo luzco asiática). La gente me cayó muy bien. Todos super amables y siempre, aunque no les comprara sus cosas, me terminaban ayudando o dándome alguna información de utilidad.

Por dar sólo un ejemplo, un día en Angkor, me bajaron todas las ganas de ir al baño a cada rato y en un momento donde ya no me quedaba absolutamente nada de plata y estaba muy lejos del ultimo baño disponible, el tuktukero que nos andaba trayendo le habló algo en Camboyano a una niñita que hace más de 15 minutos trataba de venderme algo insistiendo ininterrumpidamente, hasta que la niña me hace una seña y el tuktukero me dice que vaya con ella. Yo le dije “No tengo dinero”, pero él insistió en que fuese no más y así, la niñita me llevó hasta su casa en una Villa que estaba por ahí. Tenía como 8 hermanos y tuve que esperar un poco para meterme al baño (la casa en la villa era una experiencia aparte) y al salir, la niña me acompañó hasta el tuktuk y hablamos un poco. Me dio mucha lata no tener plata por último para darle por usar su baño, pero no me exigió nada a cambio. Desde luego, cuando llegamos al tuktuk siguió tratando de venderme sus cosas jaja.

Me hice de dos restaurantes favoritos: el Peace Cafe, con comida vegetariana que sabía a “hogar” y el Star Rise, que me quedaba justo a la vuelta de la cuadra y donde siempre comí rico y barato y sí, hacen el mejor Amok de todo Siem Reap. Ambos lugares atendidos con gente muy amable que te daban ganas de ir tanto por ellos como por la comida.

Angkor fue una de las atracciones por las que he pagado “harto”, que han valido más la pena. En sí, las construcciones pueden parecer un poco sosas aisladas de contexto y en general dado que van hordas de turistas a sacarse fotos vestidos con sus mejores trajes -la dura-, pero la experiencia de arrendarse una bici, salir temprano, llegar allá con cocaví en el canastito y moverse a propio ritmo entre bosques… es muy lindo y agradable, aun cuando uno va sopeado por el calor. El entorno de Angkor es tan o más lindo que sus templos. Y, de nuevo, la calamidad de mano de los viajeros que se horrorizan por ir en bici y tratan de convencer a cualquiera de que no lo hagan porque será muy extenuante… la dura, era chistoso hasta cierto punto, ahora se ha vuelto sólo irritante. A mi me sobró tiempo y recorrí todo tranquila y mi bici ni siquiera estaba en la mejor condición para el recorrido (lo mismo que yo).

Hice el recorrido dos días. El segundo, fui en tuktuk con dos argentinas que conocí (Victoria y Romina). Luego, seguí con ellas el viaje hasta Sihannoukville y Koh Rong.

Koh Rong es maravillosa. En términos de “isla chill out”, uno tiene como que sí o sí ir acompañado, o si no se vuelve fome la rutina fuera del agua. Las fiestas son fome al estilo de Phi Phi y no hay fogatas u otras actividades en torno a la playa, lo cual me pareció super extraño, pero en fin… vi mucha gente pinturita allí.

La mejor playa hasta la fecha en mi lista, está en Koh Rong: 4K beach. El resto está muy bien también, pero esa es perfecta para nadar y cuando digo perfecta, digo que es mejor que una piscina, además del color del agua y la arena.

Pasé como 5 días ahí y fue el tiempo necesario para descansar y recargar energías (que no me duraron mucho, en todo caso).

Luego de eso, nos fuimos a Phnom Penh, ciudad que para mí no tuvo ni un brillo y donde era cuático ver, en la noche, hacia el lado de los pubs cerca del río, como los locales estaban llenos de grupos de puros hombres entre 30 y 60 años, siendo las contadas mujeres sólo Tailandesas y jóvenes. Cero ganas de parar en ninguno de esos lugares.

El Onestop hostel donde me quedé, eso sí, muy bueno y con camas en las que a uno le dan ganas de despertarse y quedarse más rato.

Lo único que ví fue el museo ex centro de tortura S21. Todo muy Chile en el 73, con la salvedad de que aquí la historia era un poquito más reciente y que las cosas estaban preservadas. En términos de montaje, el museo es precario como Cambodia es precario, pero aun así las ex-salas de clase vacías con solo la cama, la foto en blanco y negro del cadáver y las manchas en el piso, eran imagen suficiente. Mención aparte, las celdas en el segundo edificio. Creo que lo que más impacta de eso, no es tanto la crueldad de los incidentes, como el abuso de poder y de fuerza contra los desprotegidos (nada que no suceda ahora en todo caso), que es un poco distinta, ya que mi impresión al menos es que los camboyanos nunca han sido muy confrontacionales y tampoco han estado políticamente muy organizados como para hacer frente a circunstancias así. Prácticamente nunca hubo resistencia y es brígido al leer los testimonios de los apenas 7 sobrevivientes del recinto, cómo cuentan de que en los últimos días del regimen, la “calidad de vida” para ellos había mejorado notablemente.

La pobreza en Cambodia está casi a un nivel India, yo diría, por lo que ante eso, preocuparse por un dólar de más llega a resultar ridículo. Aunque es obvio que el punto de fondo es que las lucas deben estar muy mal repartidas.

Al margen de la pobreza, ví muchas cosas que me hacían recordar la infancia: como las calles de tierra y los niños jugando en los jardines (no existen los jardines como tal) con arena, perros o cosas del mismo jardín o los peluches feitos, de esos rellenos como con aserrin, en bolsa de plástico que vendían en algunos puestos, que eran como los mismos que cuando yo era chica, alguien pasaba vendiendo por las casas y uno podía elegir entre el montón de peluches/muñecos en bolsa que la persona acarreaba.

Al final, me devolví a Siem Reap para estar un par de días, sólo porque me había gustado. Y en realidad no tengo nada específico para decir por qué me gustó, salvo el sentir que, dentro de todo, podías estar ahí no sintiéndome ajena <3

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