India: Fort Kochi

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Desde Myanmar, tuve que tomar dos vuelos –engorroso, sí- para irme a India. El primero hasta Bangkok, donde pasé el día en la ciudad, ahora más húmeda, y donde compré las últimas cosas. Esa noche, dormí en el Don Mueang, si es que se puede decir dormir, porque al final fueron como sólo unas 3 horas las que pude conciliar el sueño, ya que el aeropuerto está repleto de chinos esperando vuelos y por ende, el silencio escasea. Creo que primera vez que me toca un ambiente donde los chinos, son los únicos que no saben que si la gente esta tratando de dormir porque tiene un vuelo temprano en la mañana, deben guardar silencio en lugar de ponerse a conversar y webear con celulares o berrinches de pololos. Qué mierda esa noche. Me cambié 3 veces de lugar y de piso, con la manta y mochilas encima caminando como zombie con frio. Al final, logré dormir una hora intensa de esas donde uno se borra de la faz de la realidad por un momento, en el piso de los arrivos, donde supuestamente debía haber más ruido. Eso sí, hacía frio.

La segunda noche fue en el KLIA2, que fue más bien un día, ya que estuve prácticamente desde la tarde ahí. El AC y el frio de la noche anterior, mezclada con falta de energía, hizo que me resfriase y que no disfrutara mucho. Dormí en el L2M, en el piso con alfombra tal como el resto de los campamentos indo/musulmanes y los solo travelers que dormían ahí. Con mi manta y mochila, logré hacerme una especie de carpa que me protegía del frío y la luz. Ese día dormí muy bien, pese a los síntomas, a que puse un cartel de “despiérteme si no ve que estoy en pie a las 3 am” –que obviamente, nadie pescó y pese a que, aweonadamente, no guardé la alarma apropiadamente. Sin embargo, logré despertarme a la hora pertinente para hacer el check in y subirme al avión.

Digamos que el cruce en avión hasta India fue, en el mejor de los casos, patético y el día en que llegué a Fort Cochi, después de webear un mundo para conseguir transporte público de hora y media desde el aeropuerto hasta la ciudad con el AC a full power, sólo me eché en mi litera y dormí semi inconsciente por el resto del día.

El día siguiente no fue muy distinto, quedarse en cama tomando jarabe, salir a echarle algo al estómago y volver. No entendía muy bien la ciudad y tampoco me importaba si me estaba perdiendo de algo.

Al tercer día, the dark knight rose again y salí a conocer el pueblo en onda turística.

El día anterior, había conocido a una chica argentina, Josefina, que casualmente estaba en mi mismo dorm y, después de hablar en español harto, acordamos salir a recorrer la ciudad, antes de que ella emigrara para Bangalore-Hampi, esa misma tarde. Fue muy entretenido salir a conocer, esta vez acompañada, después de hace mucho andar deambulando sola. Fort Cochi me llamó la atención sobremanera por su aspecto, su propaganda comunista y su movida artística (por la Bienale) que nunca me esperé, con graffitis en la calle, stencils, afiches cual barrio punk de valpo. –y algunos terrible osados para venir de una sociedad como la de India- y sí, todo eso sonaba a una mezcla entre Melacca y Penang…influencia portuguesa, europea… hacía sentido. El otro lado de Fort Cochi es muy de boutique, con cafés y tienditas que se hacía muy raro ver atendidas por mujeres de piel oscura con sari. Hecho para pieles blancas blancas, pero con mucho turista indio de buena alcurnia, que venía en familia porque Fort Cochi debe ser considerado como cool acá.

Es y fue un buen lugar para comenzar un viaje por India: lento y sin pretensión de verlo todo, pero su humedad nivel Dios y lo desmembrado de su geografía, hacía que no me dieran muchas ganas de recorrer más allá de la vez que crucé el ferry a Ernakulam y, una vez en tierra, ya quería puro devolverme. Un experimento que resultó de lo más decidor, porque me mostró que lo mío ya no es la ciudad y que con urgencia quería puro irme a la montaña donde viese todo de verde y sintiera brisas frias con oxígeno para mis pulmones y cerebro. Eso era Munnar.

Al quinto día, ya con los 5 sentidos despiertos otra vez, agarré mis cosas y partí a la adventura entre el ferry, tuktuk y la estación de buses, donde el bus local me llevó hasta Munnar en aprox. 6 horas.

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