Hampi

Recuerdo que el último día -el día en que yo misma me auto-expulsé del hostal-, una mina de Israel que estaba sentada en el área del desayuno, me leyó la mano y me dijo: muchos pensamientos, piensas mucho, sueñas mucho… y me dieron muchas ganas de decirle “I don’t sleep, I just dream”.

Fue el mejor día en Hampi, el día que me fui.

Por alguna razón, sentí la mayor parte del tiempo que esta parte del viaje ahí en Hampi era such a waste. Ni la mejor burbuja de hedonismo pudo hacer que me gustara. Ni los campos de arroz eran suficientes, ni la variedad de comida occidental, ni el paisaje dramático de las rocas desparramadas. Me agotaba ver la imagen -y cuando digo imagen, lo digo en su más absoluto sentido- de los jóvenes libres y espirituales, queriendo verse como Siva y Sati…y también, me agotaba recibir tanta atención de parte de los vendedores locales.

-Ese mundo tan poco sensual, que no pudo aliviarme-

De hecho… recuerdan a La Mole? el personaje de Los 4 Fantásticos? Eso es. La Mole es uno de los superhéroes que menos me ha gustado en mi historia con los monos animados -desde el punto de vista estético quizá- y a mi Hampi me recordaba a La Mole. Digamos que La Mole no es uno de los personajes más atractivos del Universo Marvel.

Desde Bengaluru, me pegué un viaje largo a Hampi y apenas duré dos días. Creo que lo único que lamento, es no haber visto esa especie de pirámide invertida que estaba en uno de los templos cercanos a la carretera.

En el bus a Hampi, me junté con un italiano que (Nino) que venía siendo mi primer contacto con un occidental desde que salí de Kodaicanal. El tipo era súper simpático y centrado y fue un agrado compartir el viaje hasta Hampi mismo y después seguir encontrándonos en la calle de vez en cuando y decir “HEEEYY!!…”

El lugar estaba plagado de israelitas. Para los que no cachan el rollo con los israelitas: terminan su periodo de servicio militar y salen a recorrer el mundo para sentirse un poco más libres. Sus muestras de libertad son muy de juventud de los años 70.

El calor era agobiante. Poco se podía hacer por salir a recorrer sin incurrir en salir desnudo por la calle…como casi lo hacían algunos hombres con el respaldo que India les da. Para nosotras, Corazones rojos.

Lo de las selfies con la turista era algo que me gustó. Sí, porque al menos me hacía sentir importante en un pueblo donde la atención recibida era a)nula sino me veía “espiritual” y “liberal-hippie”, como la mayoría o b)demasiada, porque tengo poto y tetas.

Dadas las cosas, decidí hacer las casi 24 hrs de nausea, deshidratación y sueño para parar en Udaipur, actor de reparto en la ruta escogida para llegar a Pushkar.

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