Kalaw – Inle Lake

Al bajarme del bus, después de experimentar un viaje entre lluvia y gringos bocones que no hacían más que expresar en voz alta todo lo que se les venía a la cabeza como si fuese digno de ser escuchado, pensé: debería haber seguido de largo hasta Inle Lake.

De principio, a Kalaw lo consideré como un error de cálculo, ya que sumado a la lluvia, auspiciaban un estancamiento innecesario y un gasto de días que no me podía dar el lujo de perder.

En Kalaw era Invierno con todas las letras y me sorprendía mucho los grandes cambios desde un lugar a otro en Myanmar; paisaje, clima y gente.

Había una pequeña comunidad Nepalí y, en general, era la sensación que me daba. Pueblo chico, con casas-casas, bosques de pino y constante tierra mojada. Daban ganas de tener una chimenea y meterse bajo las cobijas a tomarse un chai y sentirse en el mejor lugar para estar un día de lluvia intensa como los casi dos días que tuvimos. Ahí la mayoría de la gente hace escala para irse de trekking hasta Inle, pero los trekkings estaban suspendidos por mal tiempo y en el pueblo se concentró un grupo de extranjeros ligeramente mayor de lo habitual.

Mi hostal se merece más visitas: Pine Land Inn, a 30 segundos de la parada del bus, frío, oscuro, pero con una sensación de hogar que me recordaba a las casas viejas de Valparaíso. El desayuno, por lo demás, era de los mejores que probé en Myanmar.

Lindos días de no hacer nada ni ver mucho. Las hill stations se empezaban a configurar como “mi lugar para estar”.

Mi viaje a Inle Lake, fue mucho más corto de lo que esperaba, pero adelantando un poco lo que me pasaría con Munnar, en verdad no extrañé nada de lo que dejé allá y sentí que aproveché mi tiempo de la mejor manera.

Otro hostal que vale la pena mencionar: Diamond Star Guesthouse, más por su dueño/manager que por infraestructura. Probablemente el manager más honesto y relajado que he conocido; me dio los mejores consejos prácticos (que usualmente, nunca pesco) y nunca me cobró demás como en los otros lugares de Nyaung Shwe, donde igual sentí un airecillo turístico-nocivo a Nyaung u.

Inle Lake se merece un paseo en bicicleta por alrededor del lago y cruzando las villas, monasterios y campos de Myanmar y también se merece alguno que otro paseo por el lago en bote o alguna visita breve a alguna de sus villas flotantes, así como lo hice yo.

Mi siguiente bus se dirigía a Yangón, pero en realidad iba a Hpa An, que era uno de los grandes misterios entre los destinos que incluí de último minuto. Francamente pude haberlo omitido y haber pasado más días en Inle Lake, como la lógica prácticamente lo dictaba, pero algo había en Hpa An -sólo en su nombre-, que me daba vuelta en la cabeza y me impulsaba a ir sí o sí antes de dejar el país.

Yangón a Hpa An, fue de aquellos viajes donde las cosas no resultan de lo mejor, viniendo uno trasnochado y de madrugada: un bus destartalándose que resultó ser uno de los más caros de todo el viaje, un extra tax que todos pagaban pero nunca supe con qué motivo, un calor sin AC y un  par de stops obligados para cerrar la maletera y recoger las maletas que habían salido volando en una curva. Ahh mención aparte aquel militar que olvidó su equipaje en la estación de buses y sólo lo recordó cuando debía bajarse.

Después de la impresión inicial de “puta, y ahora dónde me he metido…”, Hpa An se convirtió en una historia de amor que, como toda historia de amor, merece un post aparte.

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