La vida en Mcleodganj

Llegué en días de lluvia y con frío, usando chaqueta y toda la ropa que pudiese ponerme bajo ella; ahora, ando en polera, el sol sale todos los días y la temperatura va subiendo. Van a ser 25 días viviendo acá y extraño un poco los días de invierno.

Un día típico en Mcleodganj se podría resumir así: Despertarse entre 7 y 8 am, cuando el sol se levanta tras las montañas y un potente rayo de luz me pega en la cara. Asomarse al balcón a ver el estado del paisaje (más nieve, menos nieve) y ponerse a mirar las águilas. Tomar desayuno/ir a yoga, salir a recorrer el pueblo y hacer alguna que otra compra de provisiones y agarrar alguno que otro wifi desde la calle, ir a pasear entre los bosques y vagar desde un lado a otro o de cerro en cerro o de pueblo en pueblo y comer alguna cosa entre medio. Easy life, slow life. En algún blog leí que acá la ambición tenía límites y que no hay mayor problema en abrir o cerrar un negocio, si es que los motivos lo ameritaban. Un poco como en Kodaicanal, en el Pastry Corner: se abría cuando llegaba la mercancía en cuota limitada y se cerraba cuando ya no había más por vender. El tiempo no era dictador, sino relativo.

Desde Amritsar fueron como 7 horas en bus y llegamos de noche. Me vine con unos italianos que parecían mafiosos salidos de “La Hora 25” o “The Departed”, pero que estaban interesados en meditación y el Dalai Lama. Weird.

En mi nueva, habitación-casa, empecé a hacer vida hogareña otra vez: lavar y tender ropa, preparar el desayuno y la once, comprar confort, pan, mantequilla, té… algo que estaba hechando de menos.

Los primeros días anduve con la Edu, la española que conocí en Bangkok y luego me encontré en Pushkar, mirando en las tienditas del mercado, haciendo parte del camino hacia el Triund, tomando chai y recorriendo Bhagsu y Dharamkot.

Esos primeros días, Mcleodganj era bastante distinto. Además de los días de invierno y las tormentas, la temporada aun estaba lejos de comenzar y los pueblos estaban mucho más vacíos (excepto por los días en torno a la charla pública del Dalai) y me gustaba más así. Conforme a los días que pasan y a que el tiempo mejora, más gente va llegando y la comunidad se fragmenta un poco con la invasión de gringos, un tanto estética, un tanto juvenil.

Mcleodganj es como un Little Tibet -de hecho el Gobierno en Exhilio reside aquí- y su gente, en gran mayoría, son tibetanos, quedando relegada a un segundo plano la población india. Es entretenido y pintoresco y hay vida comunitaria pero, por sobretodo, hay una relativa tranquilidad que da confianza y eso es algo que en India es un bien escaso y apreciado. Y, lo siento, pero en este caso tengo que sonar racista, porque a fuerza de empirismo debo decir que me agrada mucho más convivir con tibetanos que con indios, irónicamente en su very own country. Y no tiene que ver con la generosidad que en todos los blogs de viajes, los mochileros expresan con tanta gratitud, ni a una ayuda, sino a una comunicación “plana” entre individuos humanos; mi interés nunca ha sido el de  interpretar al desvalido, al extranjero cool, a la mujer occidental, a la “persona potencial”, todo lo que esperaría es algo que parece extremadamente idealista: un trato gentil igualitario, sin aluciones a cualquier otra condición más que el hecho de que compartimos existencia. Punto para los tibetanos.Parecería que es algo que viene con su cultura y sería extraordinario que esa condición estuviese determinada por el entendimiento práctico de un “no-self”, pero muy probablemente no sea así :(

Es interesante pero un tanto bizarra la situación social acá. Hay cierta armonía en los roles, pero dado que los tibetanos superan en número a los Indios, no sé muy bien si hay realmente un escenario de integración. Será que los indios ven a los tibetanos como extranjeros o los tibetanos ven a los indios como extranjeros…salvo los dueños de tiendas u hoteles, me parece que muchos de los indios que actualmente viven y trabajan acá pertenecen a las castas más bajas y, en contraste con la masiva ayuda y apoyo a la comunidad tibetana, no resulta ilógico pensar ¿y quién ayuda a los indios?

Las mujeres trabajan en la construcción, acarreando arena en la cabeza, mientras sus hijos chicos juegan con los materiales que encuentran alrededor; los hombres, jóvenes o niños, crían burros para usarlos para acarrear las piedras, ladrillos y otros materiales, o crían cabras y viven en chozas o casas un tanto alejadas del centro urbano; también están los que urgan entre la basura… ninguno de los tibetanos hace este tipo de cosas, claro que desconozco las regulaciones –o si es que las hay-, respecto al employment para ellos.

En verdad son los indios los que deberían ayudarse a sí mismos. Damn! Si sólo pudiesen superar sus modelos mentales, si sólo pudiesen superarse a sí mismos. Me parece que gran parte de los problemas que enfrentan son efecto y causa de su propio apego a su forma de vida particular. Eso me enoja un poco, no hay movimientos sociales que realmente propulsen un cambio radical, de estructura, de hecho no hay movimiento alguno y la salida parece ser sólo la contaminación forzosa con ideología occidental liberal, lo que tampoco es auspicioso. –Si esto último no es así, por favor háganmelo saber-.

Llegué justo a presenciar una charla pública del Dalai Lama y dos marchas pro liberación del Tibet, conmemorando el “Tibetan Uprising Day” y, coincidentemente, me topé en un café con los abogados españoles que están llevando el caso tibetano en la Corte, sentados en la mesa del lado, claro que en ese entonces no lo supe, sino podría haberles preguntado varias cosas (al menos uno de ellos sonaba bastante snob eso sí en su trato con una de las meseras…cosas en las que hay que reparar). Mi cabeza siempre está llena de preguntas, pero en estos casos nunca encuentro los espacios para hablar sin condescendencia y enfrentar opiniones adversas, algo que me encantaría hacer.

Es difícil conseguir una postura imparcial, me refiero, a no influenciada por el “look” tibetano y las actividades cotidianas de la comunidad, en torno al activismo pro liberación tibetana, fuera de la simpatía que le generan a uno las minorías vulneradas y el obvio rechazo a cualquier acto de violencia y violación de las libertades por parte de un Estado hacia un pueblo. Sólo empezando desde una postura imparcial podría llegarse a una verdadera opinión; más que mal, la administración política en este Little Tibet, es tan cerrada como en la Big China.

Anyway…la gente me ha tratado bien y tengo mis conocidos y mis lugares favoritos: El Black Tent Café (la chica que atiende ahí, es muy amorosa), El Brew Book Club o Crepe Pancake, la Tibetan Bakery al lado del correo, el Four Seasons (a mi gusto uno con las mejores comidas), El Lung Ta (barato y tranquilo, mas aun si uno va cuando está lleno de japoneses).Hay hasta una sala de cine que está bastante bien y que, si no fuese por mi presupuesto, iría muy seguido. Una noche después de la lluvia, fui a ver Interstellar por segunda vez, con mi manta y guatero. Me dí cuenta qué experiencia inolvidable fue haberla visto en IMAX.

La geografía será un post aparte.

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