Rishikesh y Delhi, the end of India.

Esto fue lo previo a lo que escribí en el aeropuerto. Siempre que salgo de India, el asunto queda como cerrado y si después de un tiempo lo recuerdo, se siente extraño el recordar.

Rishikesh fue un intermedio muy extraño. El día en que llegué, temprano en la mañana, sentí que estaba lista para irme, a Delhi, incluso. El lugar ya no era ni lindo, ni particular, ni cool, ni juvenil, ni sagrado, ni hippy…era una maqueta de lo que se supone debe pasar entre el encuentro gringos con indis: helada y vacía. Me pareció súper bizarro, como cuando fui a Mayapur.

No sé si es necesario describir el tipo de panorama. Piensen en Narcisitas robóticos pero con “alma”.

El primer día me bañé en el Ganges eso sí, lo que fue un punto y al día siguiente tuvimos algunas lluvias y tormentas.

Después de estar por un buen tiempo en la soledad de mi “propio hogar”, me devolví a las piezas compartidas y al contacto con backpackers. De golpe.

No entiendo por qué éstas cosas van de la mano, pero al parecer van: unas chicas noruegas que estaban practicando acroyoga, un israelí, un inglés que llevaba mucho tiempo viajando y que no dudaba en hacerlo saber, un sueco. Se armó el grupo mientras yo comenzaba a enfermarme brígido y no podía hacer mucho más que quedarme en mi cama guardando reposo para no estar tan pal pico en el bus a Delhi y tratando de juntar oscuridad para tratar de suavizar un poco el efecto de la migraña en mi cabeza. Saben lo que es tener 24 horas de migraña ininterrumpida? Yo sí. Aquel tiempo, la gente me vió, nos saludamos yo luego se dedicaron a hacer comentarios sobre mí, como si yo no estuviese presente en el dormitorio. El segundo día convaleciente, el inglés me llamó “humano que vive allí arriba” para ver si me quería sumar a una de sus cenas, dado el comentario de una de las noruegas: “la invitaremos o no?”, justo bajo mi cama… de verdad creerían que no se escuchaba?… a lo que les dije con congestión mucosa “i’m sick”. El inglés, en tanto inglés, se mofó de mi frase diciendo que había entendido que estaba hundida “sink”, pero desde luego la noruega le corrigió “sick” y tras otro comentario más, fuck it, le largué el PISS OFF que se había ganado. Obviamente y again, en tanto inglés, se escandalizó y largó aquel emblema de la rectitud y moral que su cuna les confiere: “How rude!…”. No shit dude, tell me more…

El día que tomé ese bus a Delhi, fue el peor día para viajar pero el mejor para partir, especialmente, luego de cachar que el inglés se intoxicó con la cena -me gustaría creer en el karma-.

Por suerte me llevaron en moto desde el hostal hasta el terminal de bus y me arrojé al asiento. El bus estaba cómodo para soportar un viaje enfermo, hasta que me revisaron por segunda vez el boleto y me avisaron que no era ese bus, sino el siguiente. Me bajé con mis cosas y me devolví unos metros a la estación. Deambular un poco para ubicar el bus; era uno de los más viejos.

Estaba tan rendida que mi primera reacción fue pensar: pero yo no pagué por esto. Como si fuese a resolver algo. Me arrojé en este siguiente asiento y pese al calor y ausencia de aire, traté de suspender mis funciones hasta nuevo aviso.

El plan iba funcionando, hasta que 45 minutos más allá, sin llegar ni siquiera a Haridwar, el bus con 6 pasajeros se queda en pane y debemos esperar al bus siguiente. Yo sólo quería llegar.

El bus siguiente, desde luego era peor -piensen en una micro grande- y por el pasillo estrecho avancé con todas mis cosas hasta casi el final para arrojarme en el tercer asiento del día. Desde ese momento no recuerdo mucho más, sólo que dormí mucho y me compré unos plátanos para comer algo. Había salido sin tomar desayuno y sin medicina alguna; las medicinas quedaban del otro lado del río. Era la única occidental del bus y, por lo visto, de la ruta. Yei.

Cuando sentí olor constante a caca, supe que habíamos llegado a Delhi. Luego fue una hora atravesando hasta New Delhi y la parada final que, nunca fue en el terminal. Caminé los últimos metros hasta el Metro y gocé por algunos momentos del frescor del Aire Acondicionado. Me bajé en dirección a la guesthouse y obviamente, no la encontré.

-Ya no puedo seguir más… dije, tirando mis mochilas al piso y sentándome en la vereda de uno de los locales de Paharganj. Algunas lauchas pasaban alrededor y no me importaba en absoluto. El locatario me ofreció un vaso de agua y me ayudó a ubicar la guesthouse en el mapa. Por suerte estaba sólo unos callejones más allá.

De ahí el resto ya lo conocen: neverending sickness.

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