Japón para pobres: Chapter 5

Bueno, antes de irnos donde Ihara, pasamos a hacer lo debido: recolectar todos los mapas e información habidos y por haber del Tourist Information Center. Igual teníamos que hacer hora y por ahí aprovechamos los asientos de un parque para echarnos a dormir otro ratito.

La casa de Ihara está muy central en medio de un barrio con muchos edificios, convinis, supermercado y metro cerca, a dormir en unas literas con futón, sin colchón. Debo decir que con sueño y cansancio uno duerme bien donde sea y que, después de estar acampando sobre la yoga math, los colchones me parecen cada vez menos necesarios, pero el techo me parece cada vez más fundamental. La casa estaba hecha un desorden, pero por 1500 yenes estábamos en la gloria.

El primer día “oficial” en Tokyo, salimos a recorrer los museos, nos metimos a un parque donde podríamos habernos quedado a dormir por horas y quisimos ir a la noche a conocer “lo más Tokyo posible”: Shibuya. A esas alturas, el metro de Tokyo era kid’s stuff comparado a lo que nos había tocado en Osaka. Después de perdernos brevemente en las calles, dimos con la intersección más famosa de todo Japón y donde todos se graban caminando entre la multitud -cuatro esquinas y una diagonal- y donde prácticamente cada uno de los edificios tienen más de alguna pantalla pasando comerciales. Era la cagá. Pero más allá del hype y las selfies en el barrio, Shibuya era en verdad una fuente de entretención, super animada y menos invasiva que los street malls and Osaka pero al mismo tiempo muy TOKYO IN YOUR FACE, aparte de ser un paraíso para sacar fotos. Nos gustó mucho de primera y quedamos con ganas de volver otra noche.

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Al día siguiente, más museos y Asakusa, un barrio mucho más histórico y tradicional dentro de la modernidad futurística de Tokyo. Bueno…a veces me parece haber visto tanto el Tokyo del futuro en Animés de los 80-90, que el Tokyo actual no me parece tan del futuro. Es loco.

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La verdad no recuerdo en qué orden, ni cuándo fuimos a visitar qué barrio, pero en los días que estuvimos ahí, pudimos ver la gran mayoría de las áreas de Tokyo y quedamos muy conformes con los días que le dimos (como 5). En esos días hubieron algunos hechos que vale la pena contar (y otros la pena olvidar, como la noche donde el loco indio de Couchsurfing nos “invitó” a cenar y al final la cuenta la terminamos pagando nosotras; la segunda vez que pisamos un restaurant-restaurant” ¬¬) :

1. La noche en que, caminando por Ikebukuru, nos detuvimos ante uno de esos restaurantes chiquitos donde venden comida barata en porciones chiquitas también, el chef cocina con uno de esos pañuelos en la cabeza y los japoneses (mayoría oficinistas) comen todos parados. Un señor que estaba afuera se nos puso a conversar y terminó invitándonos a probar la comida del restaurant y la típica experiencia de comer en ese tipo de locales, con la condición de que le contáramos más acerca de nuestro país (todo esto con un oficinista que de casualidad sabía un poco más de inglés y nos hacía de traductor). Entre tallas y conversa, nos terminamos enterando de que este señor era un personaje famoso en Japón (actor) y que, por lo mismo, se negó a aparecer en la foto. El pagó por todo muy amablemente y el oficinista nos acompañó hasta el metro.

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2. El día del museo donde vimos el video del “BANZAAAAAI” y que le da sentido al uso intensivo que le dimos los días siguientes y al uso que yo le doy en este blog. Básicamente, el grito de la victoria en tiempos de guerra y, en este caso, de un japonés que tras una performance-discurso-protesta en algún lugar de Tokyo (finalizada con varios gritos de BANZAAAAI), se suicidó. El video del museo era una recreación-performance de la original performance.

3. El día que decidimos ir al Miraikan. Se me ocurrió en un momento, que si había algo especial que  podía ver sólo en Japón, era tecnología; robots, básicamente. Un tanto elemental, pero algo no tan explotado en términos turísticos; la mayoría de la gente va por las luces, las compras y las geishas. Después de investigar que, efectivamente, los yenes que desembolsaríamos nos darían la opción de ver robots for real, nos fuimos al museo.

El Miraikan es uno de los mejores museos a los que he ido. La exhibición es super completa y no restrictiva en términos de interacciones, pero uno realmente necesita todo un día para verla y procesar toda la información que allí se expone. Mi cerebro no alcanza a procesar tanto estímulo, así que me concentré más bien en observarlo desde el punto de vista formal y enfocarme en los planteamientos de la robótica. Para mi lo más alucinante, aparte de ver cosas que antes sólo había visto en la tele como noticias internacionales, fue entender y reflexionar acerca del rollo humano a través de las réplicas mecánicas -aquí se pueden saltar lo que viene, si son pajeros-, tal como la exposición muy acertadamente, lo planteaba: “Qué es lo humano?”. Cuáles son los mínimos requerimientos para el desarrollo de una interacción que se pueda describir como “humana”; de ahí que se construyan prototipos como el Telenoid, equipado con los mínimos requerimientos físicos para este fin.

La presentación de ASIMO, aquel robot que salió como noticia no sé en qué año, enseña que los robots tienen la capacidad de tomar (y deben tomar) desiciones -piensan-, en función de las circunstancias de cada momento y cada acción -tal como lo hacemos nosotros-; caminar, saltar o equilibrarse requiere de cálculos y pensar cuál será el movimiento más adecuado para conseguirlo.

Resulta mind-blowing.

Mejor, les dejo un link del video que pasan ahí en el museo: https://www.youtube.com/watch?v=hlHrvQ7D5OU

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4. Akihabara, como inclusión de último minuto. Ojalá hubiésemos ido con más tiempo, porque había mucho que ver. Es el paraíso para los Otakus y nerds como yo que les gusta algo de la animación japonesa. Fuera de eso, el look del barrio era lo que se llevaba toda la atención: incluso más Tokyo que el mismo Shibuya, rayando lo surrealista. Qué distinto aquel Japón del Japón gris, blanco y azul marino que habíamos visto en Osaka.

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Aquel fue el último día en Tokyo, previo a tomar el bus de vuelta a Osaka, y quedamos con la sensación de que pese a todas las complicaciones y peripecias del viaje, habíamos visto lo suficiente de Japón: lo futurista, lo conservador, lo natural, lo histórico, lo sagrado y lo cotidiano. Y eso, nos dejaba muy satisfechas.

Parte de “lo natural”, lo vivimos en el Parque Nacional de Nikko, unos días previos a la partida de Tokyo, pero aquella es historia para el siguiente capítulo.

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