Japón para pobres – Chapter 6 y final

A Nikko llegamos a través de un pase con licencia para andar moviéndonos por dos días con tren+bus. Tal como en Koyasan, decidimos no bookear ningún alojamiento y tirarnos con la carpa. A diferencia de Koyasan, aquí sí habían algunos campings, pero como suele suceder en Japón, nadie tenía mucha idea de dónde o cuánto costarían.

El viaje de ida fue fluido y fácil. Dejamos la mayor parte de nuestro equipaje en los lockers de la estación y partimos a recorrer. El centro está bien urbanizado con tiendas de souvenirs, restaurantes y convinis.

Se podría decir que Nikko tiene 2 áreas: la de los templos y la de los trekkings, pero en el mapa no se alcanzan a distinguir. Llegamos primero a la de los templos como itinerario para el primer día y, después de Koyasan y Kyoto, me pareció un tanto aburrido y sin gracia. El entorno natural, es siempre muy lindo, rainforest, una cascada, caminos con menos gente y alguno que otro shrine o templo perdído entre el bosque, pero la mayoría de los templos grandes cobraban entrada más cara que en Koyasan y estaban plagados de Turistas. Me hizo pensar que si la cosa iba a ser así y por otro día más, no sé para qué había ido. Me frustró bastante, sumado al hecho de que el tiempo auspiciaba igual o menos que el primer día en Koyasan y que además los “camping spots” que vimos no estaban emplazados lo suficientemente bien para darnos invisibilidad.

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Después de evaluar las alternativas, optamos por irnos al área de los trekkings, donde se suponía encontraríamos mas desolación, y encontrar spot a como diese lugar.

El viaje en bus duró bastante y, literalmente, subimos el cerro hasta pasar al otro lado. Ya no había vuelta atrás y debíamos quedaros allí sí o sí, ya que la lluvia amenazaba con llegar en cualquier momento. El centro era también lo suficientemente urbanizado como para no dejarnos muchas alternativas y guess what?  la policía rondaba casi cada 5 minutos.

Fracasamos tratando de ver la cascada, porque había demasiada niebla, lo que igual le daba un toque especial que a mi me gusta. Lo mismo con el lago. Hacía frío y no habían camping posts oficiales, así que tuvimos que aplicar la homeless routine por tercera vez.

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Cerca del lago y casi al costado de un restaurant abandonado, encontramos un lugar protegido por árboles que nos daba privacidad, pero al mismo tiempo estaba lo suficientemente cerca de la calle. Testeamos su visibilidad varias veces y al final decidimos instalarnos ahí y comer algo antes de que se oscureciese más. Podíamos ver perfectamente la calle junto al lago, lo que nos hacía sentir un poco de paranoia respecto a si ellos también podrían vernos o no y, la policía… escuchábamos la sirena cada 5 minutos y nos agazapábamos en 2 segundos.

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Sería una laaaarga noche.

Tipo 8 pm y recién terminada la cena -los noodles-, se larga a llover. Guardar todo rápidamente y meternos a la carpa para no salir más. Imagínense lo que es salir a mear en la noche desde una carpa para una persona con dos adentro, con lluvia y sabiendo que uno está desautorizadamente ocupando un lugar que más encima está rodeado de hoteles para gente con plata. Esa noche nos llovió con más intensidad y persistencia que en cualquier otra noche y tenía que estar secando las gotas que se filtraban desde la parte superior hasta mí. Si me movía, me mojaba…y sí, la policía estuvo pasando cada 5 minutos por varias horas…que más que acurrucarse y esperar que alguna linterna no se asomara por la carpa.

OK, next morning: tomar tecito, secar un poco las cosas, empacar todo y desaparecer lo más rápido posible. Tomamos el bus hacia el área del  camping y por unos 1000 yenes cada una, nos pudimos instalar con la carpa al fin en un lugar donde no teníamos que salir temprano ni hacer cosas a la mala, con una manta extra AL FIN que arrendé y con la que al fin no pasé frío, baños… era el paraíso. Nos quedamos un poco pegadas en el estilo japonés para irse de camping: trailers llenos con cosas que dudosamente serían imprescindibles en una noche de camping -porque no iban por varios días-, comida para hacer verdaderas cenas que contemplaban más de una variedad de comida…increíble.

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Luego de instalarnos, nos tomamos el bus hacia el punto más alto en donde queríamos comenzar el trekking y nos largamos a caminar.

Es chistoso que cada vez que nos perdiamos con alguna de las señales en japonés y le preguntábamos a un japonés qué quería decir, ellos lucían tan confundidos como nosotros que no entendíamos nada del idioma. Aún así, fueron las menos veces y a lo largo del trekking no tuvimos problema ya que el camino estaba bien indicado. Este día nos hizo mucho mejor tiempo y me sentía tanto más motivada que antes, al ver que el entorno, mucho más diverso que lo que había visto hasta entonces en Japón, rebozaba de vegetación y paisajes hermosos. Me hacía recordar lo contenta y en paz que me siento cuando me alejo de las ciudades y pensar que podría perfectamente pasar más tiempo ahí que en Tokyo centro.

Pasamos por varias cascadas, praderas, bosques, riachuelos, campanas para ahuyentar osos y otras cosas en el camino. En total caminamos como 5 horas antes de volver al camping. Esa noche dormí como bebé. La lluvia volvió por un momento, pero no duró demasiado.

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Al día siguiente, empacamos todo y regresamos a la estación para recoger el resto de nuestras cosas e irnos en tren a Tokyo. Estábamos cansadas y pensábamos en lo bacán que sería llegar a la casa de Ihara y desparramarnos en la cama. Un error de cálculo y la usual confusa información japonesa, nos condujo a hacer un viaje de 3 horas en tren que hubiese durado solo la mitad en condición normal. Tomamos como 5 trenes y cada vez que teníamos que hacer una nueva combinación, un tanto a ciegas, pensábamos en sí en verdad llegaríamos a Tokyo alguna vez… nos había anochecido. Por suerte, después de mucho, llegamos y morimos hasta el día siguiente.

Nos dedicamos a recorrer lo último antes de regresar a Osaka donde Hiro’s y las últimas horas en Shibuya.

Partimos en el Willer Express hasta Osaka y arribamos a la mañana siguiente. Un travesti japonés apareció al lado mío cuando arreglaba mis cosas en la mochila. Weird.

Llegar donde Hiro’s en medio del calor de Osaka: WHAT A BREEZE… volver a ver todas las cosas que había que calzar en la mochila era un desaliento. Pasamos las últimas noches en Japón y de regreso a Tailandia.

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