Annapurna Circuit, Nepal – Chapter 2

Estaba feliz de irme de Dharapani y el cielo prometía algo de sol para poder secar nuestras cosas en el camino. El día se venía corto, lo cual estratégicamente, nos venía de lo mejor: ducharse, secar la ropa, los zapatos y la mochila, descansar y tomárselo con calma. Se nos venían varios días por delante y la idea era no arruinarse tan pronto.

La señora del hostal, trató de cobrarnos la pieza groseramente, aun cuando el día anterior nos dijo que era gratis.

Las villas que seguían eran lindas y tibetanas y, a pesar de que mi garganta ya empezaba a demostrar signos de resfrío, me sentía animosa y entusiasmada.

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Crucé un par de ríos a pies pelados y, como había sol, el agua se sentía refrescante; helada igual, pero de todas formas estaba nadando en sudor, así que me venía bien. Nos tomamos su tiempo en el camino, no nos quedaban muchas horas por delante.

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Con el transcurso de las horas, me empecé a sentir peor y cuando llegamos a nuestro destino por el día “Timang”, estaba feliz de poder descansar. Esa pieza era muy acogedora y el paisaje eran 360º de pura montaña nevada. Me recordaba Dharamkot. Me tomé la mejor sopa de pollo de la vida, pero hacía un frío de mierda.

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Al día siguiente partimos a Chame y no fueron muchas horas. Parecía que Chame nunca recibe sol. Tuvimos el día más frío hasta el momento, lo que hizo que la gente de aquel hostal donde paramos, se juntara todo el día alrededor de la chimenea. En ese punto, empezamos a encontrarnos con la misma gente muy seguido. Llovió otra vez, pero esta vez no nos alcanzamos a mojar.

Aquel día se armó un grupo entre la gente: Lisa y sus dos sherpas, Derek y su guía, Sofía. No estuve muy presente. Me sentía como el pico con el resfrío evolucionando en todo su esplendor. Además ese día leí por coincidencia un artículo sobre los 200 cuerpos en el Everest que me hizo pensar mucho y me deprimí caleta. Cualquier entusiasmo a esas alturas me parecía un poco cínico y me estaba costando o, más bien, me estaba encontrando con las diferencias respecto a los trekkers. Sentía que la gente estaba más pendiente de llegar a la meta que de disfrutar la ruta -lo cual siempre ha sido el punto de viajar, respecto a llevar una vida convencional-, que todo lo que se rescataba de la ruta terminaba contándose como un obstáculo en forma de anécdota chistosa y que había una presión constante pero invisible entre “el grupo” -entendido como la gente que hace el trekking durante el mismo periodo-, por “cumplir con el estándar esperado” en tiempo…aún si eso implicaba tener que hacer sólo 4 horas en el día. Listo. Era todo lo que necesitaba para rebelarme, mandar la meta a la mierda e insistir más que nunca en disfrutar la jornada y parar da fuckin rat race. Así lo hice ese día y comprobé que, al final del día, incluso con frío, incluso con resfrío, me sentía mucho más positiva y consciente de todos los lugares que visité.

So, next day…

…En la mañana desperté con una sensación muy extraña en el pecho. No habíamos llegado ni a los 3000 mts. aún, así que era raro. Para los que no saben, cuando uno hace un trekking donde va subiendo a más de 3500 mts. de altura donde hay menos oxígeno en el aire, hay un proceso de aclimatación donde el cuerpo va regulando la respiración y acostumbrándose a las nuevas condiciones. Eso es normal. Pero eso uno lo va aprendiendo con los días y al comienzo uno tiende a desconcertarse un poco.

Como ya dije, estaba determinada a hacer de ese día una jornada piola y a mi ritmo. Con la trekking partner empezamos mal ese día y, no es que yo sea de las personas que esperan que todo se dé fluido como el agua, sino más bien soy del tipo de persona que está esperando que las cosas fallen, sobretodo cuando uno está metido en situaciones que no son una taza de leche. Así que decidí aprovechar el hecho de que, al parecer, iba a caminar sozinha ese día para probar justo eso: caminar la jornada de alrededor de 7 horas a un ritmo más lento que el que estaba llevando y ver qué tanto más me demoraba respecto al margen estándar. Total..que es lo peor que podría pasar? caminar a oscuras con mi linterna?…duuhh

Con el transcurso del día, me di cuenta que ese ritmo más que determinación terminó siendo consecuencia de lo mal que me sentía: mi ritmo cardiaco era notablemente más lento que lo normal, en un momento estaba estornudando cada 5 segundos, secretando fluidos POR TODOS LADOS, tomar agua no era muy buena opción dado que estaba tan fría como un cubo de hielo… me estaba arrepintiendo de haberla hecho sola y quería a mi mami, pero al mismo tiempo sabía que cualquier incomodidad se hace aún más incómoda cuando uno tiene que acoplarse al ritmo de otro y pretender que “todo está bien”, así que en verdad no había algo como una opción. WHAT A NIGHTMARE.

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gotta do what you gotta do

Cuando, después de una sopa de pollo, me empecé a sentir mejor, partí a hacer la ruta por Upper Pisang. Al pueblo se podía llegar por abajo o por arriba, siendo la ruta superior la mejor opción, según la guía, para ayudar a la aclimatación del cuerpo. Ví muy poca gente y dudé un par de veces si estaría haciendo el camino que se suponía o me había perdido de alguna forma. Los paisajes previos habían sido maravillosamente lindos; fairy tales…pero los que les sucedieron en la ruta a Upper Pisang, la cagaron…todo lo que alguna vez se filmó como paisajes de montaña, con pinos, nieve y árboles en películas gringas eran superados por la realidad, como un super-realismo de montaña… el hecho de que no andaba nadie, lo hacía más aun perdido into the wild. Se me olvidó todo el resfrío… no, pero en verdad algo me pasaba y me siguió pasando con el resto de los días: a mayor altura, me sentía mejor. Filmé mucho y tomé muchas fotos y si hubiera tenido más tiempo, me hubiera sentado a dibujar. Una cosa es ver y otra cosa es digerir lo que uno está viendo.

Para completar el paisaje de road movie gringa, me encontré 2 tipos que perfectamente podrían haber pasado por Thurston Moore y Lee Ranaldo (grey hair, red sunglasses), cool como ellos mismos, que me saludaron y me preguntaron cómo estaba. Me sentí bacán y quise ser como ellos cuando grande; no trekking gear bullshit, just normal clothes, a backpack and will. WHAT A VISION. Pensé en Canadá. Pensé en Dharamshala. Escuché a Deerhunter y fue el acompañamiento perfecto a las escenas. OHH happiness…

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Cuando por fin llegué a Upper Pisang, dentro del tiempo estándar incluso habiendo caminado más lento (WIN), pensé “esta villa es como de otro tiempo”. Casas hechas completamente de piedra, techos planos, banderines tibetanos, pasillos estrechos del medioevo…

Finalmente pude entrar a una Gompa; bellísimamente hecha. El monje a cargo, me dió una taza de agua caliente con limón; me dieron ganas de llorar…tanta amabilidad. Sentí que por haber llegado hasta ahí, debía pagar respeto con alguna oración y/o donación, incluso como no creyente. Mi corazón se sentía aun medio extraño, pero en otros momentos me sentía completamente normal. Tuvimos sol y el resto de la tarde estuvimos contemplando uno de los Annapurnas ahí justo en frente de nuestro ventanal.

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