Annapurna Circuit – Chapter 6

En los trekkings de alpinistas, al día clave –climax– se le conoce como “hacer cumbre”. En nuestro caso, no estábamos por hacer cumbre en ninguna montaña, pero hacer el slogan de “el paso más alto en el mundo”, nos causaba las mismas mariposas en la guata.

La noche sobre los 4800 mts. nos trajo distintas sensaciones a cada una. En mi caso, opté por tomarme la mitad de una Diamox (así como me sugirió Doctor Dan) y, aun un poco nerviosa por si me volvía a dar aquel temblor en los miembros, pero al fin y al cabo me importaba más poder dormir esa noche para tener energía al día sgte. que cualquier otra cosa…lo único malo de esto, era que, desde luego, me levanté al menos 4 veces a orinar a la interperie, ya que en el fondo, llegar al baño y hacer en un pozo con una montaña de caca en el fondo u orinar en la interperie era casi lo mismo…el mismo frío de montañas nevadas; salir del saco calentito, abrigarse un poco más, ponerse zapatillas, agarrar la linterna tiritando de frío e ir a mear y volver a hacer el procedimiento reverso. Al margen de eso, al día siguiente me desperté fresca y con energía y luego de mi desayuno, estaba READY TO ROCKANDROLL, tanto así que me costaba creer lo entusiasmada que estaba. Sofía, en cambio, no había pasado muy buena noche y estaba sintiendo un leve dolor de cabeza plus su resfrío en apogeo.

Ese día decidimos partir después de la mayoría de la gente, cuando el sol estuviese ya a punto de salir. Fuimos de los últimos en salir de la guesthouse. En el desayuno conocimos a Mario, de Sudáfrica, y a la salida volví a ver a la pareja kiwi-aussie que me había encontrado anteriormente. Eramos un grupo piola para el ascenso, sin metas pomposas ni records que batir.

Aquella decisión fue buena en parte, porque al salir hacía el frío más intenso de todo el trekking -obviamente- y aun así el lapso corto en que al fin salió el sol, se me hizo ETERNO, sobretodo para mis dedos de los pies, que no calentaban con nada. Pasa que aquel día, el paso que en un mes de Noviembre debería haber sido pura roca y tierra, estaba completamente nevado, dejando a la vista una huella de nieve en forma de camino, que comenzaba en una ladera de la montaña. Dios bendiga a los trekking poles y a las gaiters que se me ocurrió comprar en Manang. Mis zapatos eran zapatillas para trail running y en la nieve poco podían hacer, pero aun así siento que resistieron muy bien. En aquel momento, estaba usando casi toda la ropa de invierno que había llevado para el trekking encima.

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creo que nunca me había alegrado tanto de que saliera el sol en toda mi vida

Faltaban 10 minutos para las 7 cuando empezamos la caminata. Yo iba por delante, avanzando por aquel pequeño senderito de nieve de unos 30 cms de ancho, cuando PAFF!!, me resbalé y caí por primera vez y reaccioné como gato. Una de mis piernas se iba hacia la ladera en picada, pero la otra quedó firme apoyada en la rodilla y con mochila y todo, logré levantarme de a poco y seguir el camino. Creo que no alcancé a avisarle a Sofía cuando escuché el ruido y la ví en el piso y en una posición mucho peor que la mía; tuvo que sacarse la mochila y tratar de pararse de a poco. DAMN!, pensé. Este es sólo el comienzo del camino… entonces me preocupé mucho acerca de lo mucho que podríamos demorar en cruzar si es que el camino seguía en esas condiciones, hecho hielo…y mientras más demoráramos, más lejos estaríamos de alojar seguro antes de que oscureciese. Por otra parte, sí, era mi primera vez caminando en nieve en esas condiciones. Deseé haber tenido 2 trekking poles y haberles puesto aquella cosita para la nieve antes de salir…too late.

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saliendo desde High Camp

Avanzando lento y seguro, caí por segunda vez antes de cruzar un pequeño puente. Esta vez de frente, pero no me golpeé en absoluto dado mis reflejos, que me hicieron poner las dos manos para frenar el golpe. Me sorprendí de mí misma.

Luego, el camino fue: nieve, pendiente, roca, vueltas, más nieve…nos guíabamos por las huellas y, principalmente, por los black poles que te van mostrando por donde seguir. A veces se me hundía la rodilla, a veces no; a veces tocaba puro hielo; a veces no. Sofía iba harto más atrás con un dolor de cabeza que persistía, con la falta de aire y los problemas que usualmente le suponían los ascensos, así que iba parando de vez en cuando para esperar que apareciera. La situación nos preocupaba de alguna manera y en algún punto, se tuvo que tomar aquel “cóctel” de pastillas descrito en la guía. En verdad no sé cómo ese día tuve tanta energía para subir a buen ritmo y no cansarme con lo del aire; me sentía ultra motivada e incluso me daba tiempo para sacar fotos y filmar. Teníamos 360º de montañas para nosotras solas y era estar como en otro planeta, espacio o tiempo -como debe sentirse estar en pleno desierto-. Me acordé de la sensación de abandono que alguna vez me dieron canciones como Enjoy de Silence o del video de “Lo que eres” de Solar.

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Después de un rato que no se sintió tan largo, divisé unas prayer flags a la distancia y no entendí muy bien porque no podía ser tan pronto que estuviésemos llegando al paso, así que consulté con Sofía y sí, aquella era la primera visión de Thorong La Pass. Really?? so short?! D:

Miré la hora y ví que nos habíamos demorado 3 1/2 horas en llegar, por debajo del estándar estimado. Impressive. Me emocionó saber que era la primera de los últimos en llegar :)

No había nadie más. Celebramos, sacamos fotos en las que no salió ni un weón más, colgué las banderitas que había andado acarreando desde que salimos de Kathmandú, conversamos con la gente del Tea Shop que está en frente del monolito (WTF!…These nepali people…) y nos topamos una sopita para capear el frío. Vimos un par de personas llegar desde el otro lado. Éramos todos súper felices.

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la visión de las banderitas
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thanks!
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happy trekker

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inside of the tea shop trying to get warm
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those are my flags :)

La pesadilla del descenso, en cambio, recién comenzaba. En un principio, la pendiente era moderada del otro lado del paso y había mucha menos nieve, pero más adelante, mucho más deshielo y la formación montañosa tenía muchos senderos convertidos a hielo y cercanos a muchos más acantilados. No suficiente con eso, mi rodilla empezó a mostrar los signos de fatiga de ligamento típicos a esa altura en todos mis descensos. Con todo eso, no me caí ni una vez. Soy un superhéroe. Ésta vez, Sofía iba por delante y yo muy lento atrás.

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The way down to Pedi: the beauty of this vision and all its colors, was impossible to capture on a photograph

Ya en este punto, y luego de un par de horas, podíamos divisar a lo lejos el pueblo más cercano “Pedi”-aun infinitamente lejos-, al que habíamos convenido llegar a pasar la noche, en el caso de que no alcanzásemos a llegar a Muktinath. En verdad, estábamos contando con eso, después de ver el retraso que nos estaba provocando el hielo en el camino. Hacía mucho calor e iba sacándome ropa en el camino a medida que avanzaba. Quería puro llegar y sentía que no estábamos llegando a ninguna parte, por más que avanzábamos. Estaba más hecha mierda que cualquiera de los otros días y ahora el paisaje se estaba convirtiendo de a poco, en pura tierra y roca.

En algún punto, cuando atravesábamos una parte complicada, vimos venir a un alemán caminando en relativa tranquilidad con su bicicleta… era Basti, y aún no me explico como mierda cruzó el Paso en bici si nosotras resbalábamos con regularidad; “la crucé sobre mis hombros. Estoy muy cansado…” D: OK, él si es un superhéroe.

Me enojó mucho ver lo bacán que era el alemán y ver lo limitada que estaba yo por el dolor en la rodilla… bajar se veía ahora mucho más fácil, pero no dolía menos y sentía que no había progreso…hasta que llegamos, finalmente, a Pedi -apenas un grupo de unas 4 guesthouses y nada más- y casi nos arrojamos a pasar la noche. Ambas estábamos muy cansadas y el viento empezaba a soplar muy fuerte. No había caso en seguir hasta Muktinath.

Me sentía tan cansada, sucia, sudada y adolorida (las piernas en general, ya en verdad), que me dí una ducha cuando el sol ya estaba cayendo y el frío calaba los huesos. La guesthouse era hiper básica y éramos las únicas ahí, pero nuestra pieza de algún modo aparecía acogedora. Cenamos casi hasta reventar y cogimos más mantas para abrigarnos a la noche. Ese día dormí con una alfombra encima mío. Había sido más que suficiente por ese día.

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our cozy room at Pedi

Next Chapter: comienza el descenso desde el otro lado de los Annapurnas y un chorreo de otras historias.

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