Annapurna Circuit – Chapter 8 (The End)

De Kagbeni no eran muchas horas a Jomsom (donde mucha gente termina el Circuito y toma avión), lo que sí había que salir a cierta hora, temprano, ya que a partir del mediodía o algo así, el viento empezaba a soplar con fuerza y, en verdad, nadie quiere caminar con el viento en contra and when I say strong wind, I mean STRONG wind.

La ruta era mucho más pareja y, dado que el río estaba prácticamente seco, hicimos la mayor parte por ahí, acortando camino y yéndonos plano plano. Eso hacía ver el paisaje mucho más imponente y uno mucho más pequeño. Yo trataba de imaginar como se vería el río con agua y escenas del tipo “unleash the river” del Señor de los Anillos.

Kagbeni dry river image
thru the dry river shall we go

En total fueron unas 3 o 4 horas de caminata. Mi rodilla estaba funcionando sin problemas, ya que me había hecho bien aquel día de descanso.

Arribamos a Jomsom por la parte vieja del pueblo y, comparado a los pueblos que habíamos visto durante el recorrido por el circuito no le encontré mucho atractivo y tampoco lo encontré tan grande como se suponía que era. Nos fuimos hasta la parte nueva a buscar alojamiento y dimos con Hotel Nilgiri. En el Circuito habíamos pasado por 3 experiencias de Hotel Nilgiri y todas siempre buenas: el dueño muy amable nos ofreció un precio muy honesto (comparado al resto de los hostales que nos querían puro ver la cara), la comida del restaurant preparada por él y su hija era exquisita y tuvimos la ducha más caliente de todo el Annapurna’s. GOD BLESS HOTEL NILGIRI. Estábamos al lado del aeropuerto.

El plan era pasar una sóla noche en Jomston, dejar nuestras cosas en el hostal, comer y partir a ver al menos algo de Marpha. Por qué? Jomston es EL hub para tomar locomoción a cualquier parte. Recordemos que estábamos en tiempo de bloqueo de combustible, por ende el bus lo teníamos que tomar ahí sí o sí. Por otro lado, desde el principio supimos que no haríamos todo el trayecto caminando hasta Pokhara, porque no nos quedaban tantos días en el país, estábamos cansadas, teníamos que volver por al menos 2 noches a Kathmandú y queríamos pasar unos últimos días relajados. Pero, Marpha era el último rincón de Mustang, que según la guía NATT, había que ver.

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coolest building ever
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streets of old Jomsom town

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New Jomsom
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Our hotel in Jomsom, Hotel Nilgiri
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we loved this place
Lunch at hotel Nilguiri in Jomsom
When your dream lunch matches reality, there ain’t any better space and time to be

Nos tomó alrededor de hora y media, con mucho viento, pero a un paso rápido que no me costaba sostener y eso me hizo sentir muy optimista respecto a mi rodilla. Cuando llegamos a Marpha, nos enamoramos de la villa. No entendíamos como el brillo se lo daban a Kagbeni, siendo que Marpha se nos aparecía con mucho más encanto. Mientras la íbamos recorriendo, nos daba mucha pena no tener tiempo para haber pasado al menos una noche ahí y el hecho de que la mayoría de los turistas se salta Marpha, no tanto porque se pierdan su encanto, sino más bien porque el turismo del trekking es una ayuda económica para la gente que vive en aquellos lugares tan remotos -Turistas vimos 2. El resto, sólo gente local, la mayoría viejos, haciendo vida social en las callecitas estrechas-. Pero Marpha, aparte de agricultura, tiene una producción de jugo de manzana del mismo nombre, que le ha dado fama al pueblo. Nosotras que lo probamos, volveríamos otra vez por él (deme 10).

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Marpha entrance
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I just imagined that one was the Potala Palace
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view from the monastery of Marpha
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Marpha charming streets
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Marpha Apple Juice

En lo alto de la villa hay un monasterio y, por supuesto, que entramos a visitarlo. Tuvimos la suerte de encontrarnos con el Keymaster del lugar, un niño novicio (monje) muy simpático que nos abrió las gompas y nos enseñó el lugar -prácticamente bailando con el juego de llaves- y con el que fue fácil conversar y hacerle algunas preguntas sobre las gompas que siempre había querido saber. Le dí una moneda de Malaysia que andaba trayendo de casualidad para su colección y quedó muy contento. Niños…

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inside of one of the Gompas. Those up there are books.
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our keymaster and guide :)

Nos devolvimos a Jomsom al atardecer y la luz anaranjada nos brindó las mejores panorámicas y escenarios para tomar fotos. Me hubiese quedado pegada al menos 30 minutos contemplando el paisaje, pero empezaba a hacer frío y a oscurecer y estábamos sintiendo mucha hambre.

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De vuelta en Jomsom, teníamos nuestros pasajes en bus listos, gracias al dueño de nuestro Hotel, que se movió con la reserva de pasajes en tiempos de alta demanda. Nos salió bastante caro para el tipo de bus o más bien, micro, que nos tocó y lo más curioso es que pagamos más que los Indios, que tienen descuento incluso si ellos son la causa de que apenas haya transporte por su bloqueo comercial -LOL-.

Ahhh…me hubiese quedado otra noche saboreando esas tostadas con queso y tomate, con papas fritas y side salad, pero no vale la pena prolongar despedidas. Partimos al día sgte. en aquella micro con destino a Tatopani, lugar con termas que nos habían recomendado visitar y desde ahí hacer un tramo a pie hasta encontrar otro bus hacia Pokhara, pero cuando llegamos a Tatopani (después de no recuerdo cuántas horas en micro, unas 7?, por un camino de no piedras, sino rocas y con polvo y ollín entrando como tormenta de arena por la ventana) la decepción fue tan grande que, en 2 minutos, nos decidimos a negociar con los de la micro para seguir hasta el siguiente destino que combinara con los buses que había que tomar para Pokhara.

De vuelta al bus y sin haber almorzado, nos tomó unas cuantas horas más llegar a Beni, el otro pueblo “grande” donde convenía pasar la noche. Otro WTF! más. Apenas llegamos a Beni, supimos que preferíamos seguir el mismo día directo hasta Pokhara que pasar una noche ahí, lo que implicaba llegar de noche, sin mapa y sin hotel…what da hell.

En Beni nos encontramos con la realidad de las ciudades nuevamente: informaciones confusas, timos, y no fué fácil saber si efectivamente tendríamos un bus a Pokhara. Tal vez por el asunto del combustible, en aquel momento preferían vender los asientos a los locales que a los turistas. Al final y después de una espera más menos larga, nos subimos a un bus y partimos a Pokhara al atardecer. Habíamos salido a las 6 de la mañana y llegamos a Pokhara entre 9 y 10 de la noche…fue un día muy largo, y en aquel último bus dormí tan profundamente que me fuí a otro planeta.

Partimos caminando donde se suponía estaba el área del lago (donde la mayoría de los viajeros se quedan) y tuvimos la suerte de que el dueño de un hotel nos adoptó como clientes (después de negociar el precio) y nos llevó en su moto hasta el lugar…hubiese sido una caminata bien larga a no ser por eso. Como su hotel estaba lleno, nos llevo al hotel vecino y fue ahí donde nos quedamos los 5 días sgtes. que pasamos en Pokhara.

La aventura se sentía terminada y era un poco triste pensarlo de esa forma, pero la visión de una cama y un lugar fijo para quedarse y disfrutar de la vida, era el único presente que de verdad nos interesaba.

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