Vietnam diaries: Hanoi

Long time ago -se siente como hace mucho-, al comienzo de este año, fui a Vietnam por un mes.

Me gustó la primera sensación al pisar el país. Me recordaba a la sensación que experimenté cuando fui a Myanmar. Algo que pese a estar dentro del “circuito”, se sentía potencialmente distinto y diferente a lo que me he estado acostumbrando por más de un año. El acto de viajar se vuelve una rutina al fin y al cabo y cualquier sensación que a uno le acerque al menos a aquellas sensaciones primitivas de cuando uno pisó suelos desconocidos -realmente desconocidos-, se agradecen mucho.

Hanoi fue la primera ciudad que visité. Cuando salí del aeropuerto y tuve que caminar hacia el aeropuerto “grande” para tomar la micro, lo primero que noté fueron las banderas rojas flameando al viento y contrastando con un paisaje casi enteramente en escala de grices. Me sentía de verdad en suelo ajeno.

El bus local recorrió muchas villas que me resultaban una mezcla entre Myanmar-Nepal-Penang y Tailandia, todo junto y esa era igual la idea que tenía de Vietnam, una mezcla de todo y, por lo mismo, había desistido de incluirlo en mi ruta y lo patié hasta el final, sin mencionar la fama de “poco amistoso” que tiene. Pero ahí estaba yo, con energías nuevas para ir “sola contra todos” otra vez.

A mucha gente le carga Hanoi, para mí fue una de esas ciudades a las que apenas llegué me gustaron al tiro. Cabe decir eso sí, que llegué al Old Quarter, que es un mundillo parcial en sí mismo dentro de la realidad completa de la ciudad. La cantidad de gente y vehículos, el cruzar la calle, CAOS EVERYWHERE… me parecía una exageración, ya que había andado por muchos países mucho más caóticos (típico comentario de Europeo/Norteamericano que recién viene saliendo de la casa) y en Hanoi me resultaron encantadoras: motos por todos lados y veredas saturadas de ellas, amarillo, verde y café por todos lados, pájaros en jaulas (cuál es el rollo con eso?), banyan trees asomándose, gente haciendo uso del espacio público a full, tomando café en las veredas en aquellas sillas y mesas como para enanitos…vida everywhere. 

Me hospedé en el Ga Hostel porque parecía ser el hostal más amigable ever, pero no me dejó esa misma sensación. Sin embargo, sí me trajo amistad y una impensada travel partner para buena parte del viaje.

See, la gente me está volviendo débil. Antes, la libertad de viajar sola era algo sagrado pero espontáneo al mismo tiempo, el vehículo de la aventura -desde que me dí cuenta que el encuentro con la gente no era lo que había visto en las películas, lo que estaba en mis cartas- y es aún algo que disfruto enormemente, la mayor parte del tiempo…pero cuando se aparece la gente que, por algún misterio del universo, insiste en pasar tiempo conmigo o, mucho mejor dicho, insiste en compartir su tiempo conmigo, termino por sucumbir a no querer pasar tiempo a solas y después me cuesta desprenderme.

Con la Ingrid, nos largamos a recorrer y cubrimos los lugares de la ruta más turística aunque el tiempo no era el mejor. Lo mejor, era parar a tomarse un café y experimentar con sus variedades (yogurt coffee..mmmm!), ver la gente pasar y enjoy life; parar en las bakeries con todos sus pastelitos; comerse un ban mi en la calle…pasar tiempo afuera, out there where life was,… me recordó mucho a Chiang Mai la primera vez que la conocí, cuando aún no estaba TAN “domesticada” como ahora. Creo que fueron unos 4 ó 5 días los que estuve ahí y me costó irme.

Por eso mismo, decidí volver otra vez, luego de visitar Cat Ba island y Halong Bay. En verdad, Hanoi me tuvo pensando mucho tiempo si debería haber invertido algo así como un mes ahí haciendo algún “work in exchange”. La segunda vez, no hice nada tan nuevo. Me dediqué a recorrer los mismos lugares con más detalle, a hacer un poco de vida local levantándome a las 5 am para ir a hacer ejercicio alrededor del lago -con llovizna-, a ir (finalmente!) a un Club de Jazz a escuchar algo de música, a probar el egg coffee y a seguir probando pastelitos y a tomar más y más fotos. Esa vez me quedé en otro hostal, donde la cama -y la lluvia de por entonces- invitaba a puro flojear todo el día. Estaba partiendo el viaje y ya me sentía un poco cansada y sin saber para donde seguir. Pensé mucho en si de verdad quería moverme a otro lado, pese a que ya sabía que quería conocer otros lugares. Dejé que el tiempo transcurriera y me dí tiempo, hasta que pasara lo que tenía que pasar:  sentir las ganas de moverme otra vez y sentir que ya Hanoi se había gastado.

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Lenin statue in Hanoi
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Yogurt coffee

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Ho Chi Minh Museum is an interesting piece of Soviet-Modern art itself
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like out of Superman Movie

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jazz!

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bakeries, best french heritage

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weddings everywhere

 

 

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