Hablar de mis últimas semanas en Australia.
A modo de bitácora, el 23/09 partimos desde Gunnedah en el BMW de la Kate hasta Sydney. Después de aquel viaje caché que no sería tan fácil hacer dedo en Australia, puesto que las carreteras tienen ciertas regulaciones y se intersectan con algunos tramos de autopista que confunden caleta.
A las 7 de la tarde, Sydney era el caos civilizado de cualquier ciudad grande. Me recordó Santiago y su tráfico en hora peak, caí de nuevo de golpe en la realidad enmascarada de la vida de ciudad. Me pareció horrible.
4 am me levanté para irme en avión hasta el aeropuerto de Ballina, cerca de Byron Bay. De ahí dos buses hasta Nimbin.

Nimbin

Nimbin es como Pai pero en Australia y, al igual que Pai, termino con la sensación de que, aunque parezca que el lugar es tan chico como para pasar muchos días en él, es solamente pasando muchos días en él, que uno le logra ver el encanto. Lo que pasa en estos casos, es que el pueblo se ha formado en torno a una comunidad de personas, más que como un espacio para urbanizar, por ende es fácil que si uno no pertenece a la comunidad se sienta un poco marginado y por tanto, integrarse a la comunidad implica cierto tiempo.
Por lo mismo, el pueblo se llena todos los días de turistas que van de daytrip, especialmente jóvenes vestidos con la polera hippy para la ocasión que traían en la maleta y/o para recargar la dosis de yerba. Nimbin es como un lugar de la cultura pop histórico, como ir a Camden en Inglaterra, me imagino, entonces el espacio de exposición mediática que acarrean los visitantes por el día y que lo convierte finalmente en una atracción, opaca y consume un poco la cotidianidad de la cultura de la comunidad en sí, la que no es exitante para nada. Básicamente, la gente del pueblo se reune, en torno a los cafes, a conversar por horas, escuchar o tocar un poco de música y fumar yerba. Eso es todo.

La venta de marihuana es tan obvia que resulta ridículo al principio ver como el negocio se trata de hacer piola. Después, resulta entendible, cuando uno cacha que a la policía le gusta controlar de sorpresa.

Fuera de eso, el entorno entre selvático y campestre de montaña de Nimbin es lo más lindo de ver y, a puesto que se pueden hacer varias caminantas, pero de nuevo, para eso hacen falta días.

El último día cuando me venía en la micro, antes de partir, se subió Johnny Ganja a cantar con su guitarra.

Byron Bay
Byron Bay es como the land of plenty. Uno cree que es solo playa, pero tiene unos paisajes y una diversidad vegetal comparable al tipo de paisaje dramático que uno encuentra en los lados más verdes de NZ, onda Golden Bay.
Aparte de eso, está plagado de gente hermosa, hombres y mujeres.

Es super drástico el cambio de venir de un área meramente rural, donde la vida gira en torno al trabajo y la tierra, a un lugar donde la cultura de playa es tan marcada y hedonista como acá. Byron Bay parece vivir en eternas vacaciones.

Aun cuando no he visto ni un cuarto de Australia, a excepción de ciertos emblemas, me queda super clara la diversidad del territorio. En algun momento, me pareció todo super parejo, pero creo que ahora que estoy llegando a un final y puedo ver el conjunto con distancia, entiendo las diferencias y me parece que cada estado es un micromundo dentro del mismo territorio.

Después de 6 meses en el desierto rojo, me ha impresionado lo poco que he recorrido y lo mucho que ha cambiado el paisaje. No imagino algo más abundante y verde que donde estoy ahora y, sin embargo, no he llegado ni a la mitad del pais, en términos de norte y sur.

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