Grizzly Bear – Vancouver – Grizzly Bear

Este post tiene 2 partes:

Uno: Vancouver

Tuve unas semanas muy de mierda en Banff, donde actualmente estoy viviendo, y un viaje – VIAJE!-, aunque fuese por 4 días, se presentaba como un break y un escape necesario. Era mi primera visita a la ciudad y desde hace rato que quería ir.

Partí en Greyhound, viajando de noche durante 12 hrs a Vancouver. Pasé por varios pueblos de mi estilo, “lo que hay entre medio” y que existen casi como patio trasero (Hope, Merrit), algo que quería ver mucho después de la burbuja que es Banff (me siento muy como Cazuza, cuando hablo sobre Banff). Cuando llegué había sol y olor a brisa marina; había olvidado como se sentían ambos. Me detuve por un rato -backpacker style- a sentir el sol sobre la piel y oler el aire, mientras veía gaviotas en reemplazo de ciervos. El cielo esaba totalmente despejado. Sentí que había pasado demasiado tiempo en las montañas.

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Me hospedé en la calle Granville, a 4 minutos a pie del Teatro. A las 5 pm ya estaba oscuro y salí a palpar el ambiente. A los minutos quería devolverme. Me parecía todo demasiado abrumador: las luces, la gente, los autos, las tiendas, los mendigos, las opciones para comer, lo hypster, la presión por marcar diferencia y esas webadas. Todo muy ajeno a mí, ahora…

Al día siguiente, sin embargo, fue distinto. Salí temprano a recorrer Robson St., Gastown, Chinatown y todo lo que estuviese de por medio y me gustó más de lo esperado. Sentí esa emoción de “eterna abundancia” de cuando uno visita ciudades “del primer mundo”, pero por sobretodo me sorprendió lo agradable que era la gente comparado a Banff.

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Gastown

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Back alleys

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Chinatown
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Granville Street

Voy a dar mis impresiones sobre Vancouver, desde mi pobre perspectiva de Banff:

1. Los precios:
Pizza slice a $1.29, Café con muffin a $3.50, tiendas de dollar, Daiso… you keading me? pago más en Banff y recibo menos ¬¬

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2. La gente:
Comparado a Banff, me pareció que la diferencia era gigante y anormal, para circunstancias de stress, de pobreza, de trabajar mucho y otras de las típicas de la vida en ciudades grandes. Aquí me pareció en todo momento, que la gente disfrutaba a su manera lo que estuviese haciendo y que, en general, había un clima muy relajado que me recordaba a The Dude. Noté también que pese a todo el supuesto individualismo de las ciudades grandes, acá la gente estaba mucho más conciente de la convivencia con su entorno y la gente a su alrededor y te miraban mucho más a los ojos en la calle. Eso me gustó caleta.

3. El ambiente:
Granville Street, me recordaba a K-Road, allá en NZ. Era la calle marginal con gente queer, loca, rara, suciedad y rayados, pero al mismo tiempo todo muy trendy, todo en mezcla. Es verdad que hay montón de indigentes, pero no más que en San Fran. Hasta pasé por Hasting St. West y no hubiese nada que no haya visto antes. De hecho, cerca estaba el Jardín Chino y otros parques lindos.
A la gente le da lo mismo encajar con el resto y nadie te mira raro. Eso mismo encuentro que da pie a la creatividad y a la espontaneidad: recuerdo a un tipo parado leyendo frente a un leasing space, mientras fumaba un cigarro.
Diversidad musical desafiando la tiranía del pop mainstream de Katy Perry, Taylor Swift, Shakira y todos sus secuases (han cachado lo díficil que es ahora encontrar alguien que coincida estéticamente con lo que escucha? uno ve a alguien vestido a lo Davendra Banhart, en su época más hippie, tarareando “Shakira, shakira” WTF!). En un Thrift Shop muy piola de Granville, en mucho tiempo, me encontré moviéndome al ritmo de la radio que tenían puesta y me alegré caleta cuando empezó a sonar “Baby” de Ariel Pink, así como cuando era adolescente. En mucho tiempo, me sentí en un lugar común y sentí que podría llegar a encajar.

Al día siguiente era el concierto y me parecía que todo iba de maravilla. Hasta que, después de tomar once, me vino el dolor de estómago.

A estas alturas, ya subí a categoría “Experto” en lo que toca a “Enfermarse viajando”.

Había estado con travelers diharrea en India, Tailandia…hacía sentido. Pero no hacía sentido enfermarse de la guata en Canadá y justo la noche anterior al concierto. O sea, tenía menos de 24 hrs para recuperarme a como diera lugar.

La noche pasó entre vómitos, diarrea, dolor de abdomen, de cabeza, mareos y una sensación de cansacio extremo -cada vez que volvía del baño, era como volver desde la cumbre del Everest- y al día siguiente, no podía parar de dormir. Aún así, tuve que salir para las típicas compras del enfermo: agua embotellada, electrolitos, un poco de carbón activado, unos plátanos, tylenol ¬¬

Mi situación no podría haber sido más patética. Me sentía como los futbolistas que tienen que salir a la cancha como sea y recurren al doping, como el niño de Karate Kid (cuando el Señor Miyagi le compuso la pierna) y mientras me arreglaba para el concierto, frente al espejo, me imaginaba haciendo mis movimientos de karate en las rocas con el bonsai a mi espalda.

Me costaba menos caminar (God bless, escogí el hostal que quedaba más cerca), pero las piernas igual me temblaban un poco mientras caminaba hacia el Orpheum, tal vez el recinto más lindo que he pisado para ver un concierto. Me desparramé en el asiento. En ese momento, agradecí haber escogido el asiento de la primera fila del Dress circle.

Dos: Grizzly Bear

El público era diverso y demoraron en llegar. El show abrió con Serpent with feet y pensé que el sonido no estaba bien ecualizado y me preocupé un poco. Después de casi una hora, entró Chris Taylor, solapadamente, a ubicar sus clarinetes y saxo. No muchos lo notaron. Btw, caí en el mejor lado, ya que los telones de la escenografía se abrían hacia mí y la vista me quedaba del todo despejada. Cuando entró la banda -aplausos y gritos- y comenzaron con Four Cypresses,fue como entrar en otro estado y otro ambiente. No podía creer -no racionalmente, sino sensorialmente- que sonara tan bien; que estuviese ahí después de toda la noche anterior; que no hubiese reparado en esa canción antes; que las luces transformaran de esa forma todo el ambiente; que estuviese escuchando la voz de Daniel Rossen en vivo; que estuviese en un concierto de una banda que hace años quería ver, después de años que no iba a un concierto.

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Esto va a sonar muy New Age, pero sentí que la música tuvo un efecto sanador y me levantó el espíritu.

GB es una banda que estaba esperando ver hace mucho tiempo, después de que el Shields, se convirtiera mi disco favorito para esos viajes nocturnos en bus o tren, cuando viajaba por Asia y desde que dejé la atención en la performance por la atención en lo puramente musical/instrumental. O desde que ingresé en la adultez.

Ir enferma no fue tan malo después de todo, ya que no tenía ansiedad o espectación alguna y, por eso mismo, todo lo absorbí de forma más pura, tal vez. Sentí que todo fue perfecto: el recinto,el sonido, los arreglos, la iluminación, las harmonías. Los sonidos emergían tan fluidos, de forma muy orgánica y casi sin esfuerzo. Daniel Rossen –all hail– es un seco y tiene una de las voces que más me gustan; Cristopher Bear con su postura jazzistica, llevando el ritmo en combinaciones díficiles de seguir (y más encima, cantando), Chris Taylor introduciendo sonidos como sinfónicos y Ed Droste, uniendo todas las piezas. Cuando tocaron Foreground, se me erizaron los pelos. Después de varias canciones sentada, sentí que no aguantaba más y necesitaba pararme y moverme. Por lo visto, a nadie de los que estaba detrás mio, le importó y cuando tocaron Two Weeks, ya estaba que me tiraba por el balcón. While you wait for the others y Sun in your eyes fueron lo mejor que podría haberme pasado en Canadá.

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Al salir del teatro, las piernas me temblaban más, como si hubiese invertido la poca energía que tenía en esa hora y media y, ahora, era el turno de descansar y reabastecerme, pero la ciudad estaba muy prendida y me dieron muchas ganas de haberme quedado allí afuera. El ambiente parecía amable y, aun con los excesos típicos, no se sentía ni veía como el ambiente de “fraternity people partying” de acá de Banff (ya’ll know what I mean).

Al día siguiente, me sentí un poco mejor y salí a recorrer lo (poco) último que alcancé y el día, posterior, ya tuve que emprender el viaje -otra vez en bus- hacia Banff, en la backpacker-style performance a la que ya estoy acostumbrada, pero que vaya que echaba de menos; alterar las cosas, agregar movimiento y abandonarse a las circunstancias.

Dejo el video que grabé de Four Cypresses, mi nueva favorita.

 

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